Las flores de mi huerta: cosecha y cuidados

Las primeras florcitas que conocí fueron las de una ciboulete que tuve hace un par de años. Unos simpáticos pompones violetas que salen al final de la bara de la cebollita. Después llegaron las de los cherries, que pronto se convirtieron en bellos tomatitos, que coseché durante todo el verano pasado. ¿Y cómo olvidarlo? Esta primavera las que me sorprendieron tempranamente fueron las flores de ¡rúcula! Miren qué lindas son:

Empezaron a salir en octubre y todavía, a diciembre, se empecinan en asomar. Lo malo es que los pulgones verdes van directo a ellas y hay que estar limpiándolas todo el tiempo. Como la plantita ya entró en su etapa final, ya no da hojitas nuevas y, las que sí salen, son gruesas y toscas.

Otra gran sorpresa fue la que tuve al ver que la lechuga también iba a florecer. Empezó por largar una bara larga como la que ven en la foto:

Creció y creció y fue largando muchas flores amarillitas, así:

Otra de mis queridas chicas que me dio su belleza blanca fue el orégano, en lindo contraste con sus hojitas aterciopeladas:

Otra radiante belleza blanquecina, ¡la albahaca!

 

La muy sutil flor del perejil, etérea, simpática, mírenla:

Más blanquitas, esta un poco más algodonada, más robusta e igualmente encantadora, mi ramito de flores de papa:

 

Hasta aquí mi colección de florcitas en la ventana, para todos aquellos que me decían “¿dónde están tus plantas con flores? ¡plantas sin flores son aburridas!”, bueno, aquí ven: sembrar para comer (aunque en pequeñas raciones por lo reducido del espacio) también es embellecer el entorno con lo que las plantitas naturalmente nos regalan.

El bonus track lo dan estos atravidos hongos que aparecieron al pie de mi acelga hace unos días. Parece ser que son inofensivos pero igualmente se recomienda retirarlos dulcemente (viven sólo un día).

Ahora que vieron mi desfile de florecillas, va lo realmente importante: ¿qué función cumplen? Las flores aseguran la supervivencia de las plantas. En ellas están las semillas que, si no mediara acción humana, caerían a la tierra, volarían o serían transportada en el contenido estomacal de algún pajarito hasta un nuevo lugar, de manera de volver a germinar y asegurar la reproducción de la especie.

Bien, cuando sí media la mano del hombre/mujer, hay que tener dos cositas en mente: si la semilla está en el fruto o si sale directamente en la flor. En el primer caso podemos contar al tomate, los ajíes, los zapallitos, la calabaza, la sandía, el melón, las frutillas. Entonces lo que hay que hacer es tomar las semillas de la pulpa, secarlas y guardarlas.

En el caso segundo, en que las flores son las que contienen la semilla sin sacar fruto, mencionamos a: zanahorias, papas, plantas de hoja (lechuga, rúcula, perejil, albahaca, etc), aromáticas (orégano, tomillo, etc). Cuando tenemos de este tipo, basta esperar que la plantita termine su ciclo, vaya secándose y ahí sí, retirar las flores y limpiarlas hasta quedarse con las semillas.

¿Cómo guardarlas? Ensobrarlas bien identificadas y tenerlas en un frasco o cajón en un lugar fresco y seco. Lo aconsejable es dejar estacionadas las semillas por unos meses, aunque cuando sembré mi tomate no lo hice y prosperó igual. La importancia de guardarlas donde no de el sol tiene que ver con que, si la temperatura es alta, la semilla va a intentar brotar y esto es lo que no queremos que suceda (al menos hasta que la pongamos en tierra como es debido :P).

Es genial saber que las semillas de hoy serán las plantitas de la próxima temporada, ¿no? Mientras tanto, sigo disfrutando de mis flores y llegando a casa con la emoción de no saber qué sorpresa me depararán mis plantitas cada día. ¡Gracias Naturaleza por tanto!