La basura en Buenos Aires, la punta del iceberg del problema de la sociedad del compre y tire

a primera hora de la mañana o última hora de la noche.

No me quiero hacer la snob con esto, para nada. Pasa que hace tiempo los medios más tradicionales han dejado de dar informaciones realmente útiles para que las personas piensen por sí mismas (no que alguna vez lo hayan hecho por completo, claro) y se han enfocado en dar historias que entretienen o asustan o conspiran a favor de intereses de unos y otros bandos. Por mi, les digo, que se rompan los cuernos entre ellos, no necesito sus lentes para ver la realidad.

Sin embargo, tampoco vivo en un tupper -bueno, a veces en la palmera puede ser!-. Los temas que los diarios imponen y la televisión replica me llegan igual, aunque sean filtrados, mediados o distorsionados en la charla con el vecino. Y así es imposible no saber que estos días el gran comentario es que en Capital Federal no se estaba levantando la basura y, por ende, las calles eran un gran ¡asco!

(No me hagan decirles que esos mismos medios tratan temas locales -léase porteños- como si fueran del interés de la nación toda y que así no hacen más que sumar a la desinformación. No, no entremos en ese tema mejor.)

Entonces, prendo la tele y veo que la noticia de la basura es que los pobres vecinos tienen que caminar en la mugre. Veo que los consultados por los noteros se indignan -en su mayoría- diciendo “cómo voy a quedarme con la bolsa de basura en casa que echa olor” y entonces la sacan a la calle para que todos los que pasen por el espacio público sientan el doble de olor porque al rayo del sol la fermentación se potencia.

El nivel de tratamiento de la noticia suele ser tan básico que no deja de asombrarme. Apenas se menciona que la basura no se está recogiendo porque los trabajadores (más de 1.000) reclaman porque temen que se queden sin empleo de la mano del colapso de los rellenos sanitarios y el cese del vertido según el sistema tradicional.

Apenas se menciona que el tema de fondo es la implementación de la ley de Basura Cero que hace años debería estar vigente y que intima al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a no “seguir pateando afuera” el problema de sus residuos.

Pero, si se quiere, el problema de la basura es como la punta de un iceberg que asoma muy de vez en cuando y que, en ningún caso, es tomado por lo que es: el emergente de uno de los problemas ambientales más importantes que carga la sociedad actual.

Personalmente creo también que el hecho de que la basura esté en las calles, aún a sabiendas de que el servicio de recolección no funciona, habla a las claras de que los ciudadanos, en este caso porteños, no saben hacerse cargo de lo que genera su propio estilo de vida.

No pretendo decir que existe la utopía de no marcar una huella negativa en el ecosistema que habitamos. Nuestra mera presencia implica un gasto, un consumo, una emanación de dióxido determinada. Vivir implica ser un pequeño desequilibrio en la balanza de activos y pasivos del planeta. Pero sí podemos ayudar a que esa huella se reduzca simplemente tomando hábitos más sustentables. En ese caso, bien se podría empezar por la temática de los residuos.

En este sentido, también el problema de la basura hace visible una falta de política pública coherente y sostenida al respecto. Y valga decir que esta es una carencia que no se limita a Buenos Aires sino que se ve en estados provinciales y nacional también (con honrosas excepciones, como en todo en la vida).

Existe una falta de información a nivel masivo que cuente el verdadero déficit ambiental de cada lugar que habitamos y, por sobre todo, información de todo lo que está a nuestro alcance como ciudadanos para revertirlo que, además por suerte, es mucho. Un ciudadano informado muy probablemente sea más propenso a empezar a clasificar sus residuos y a dejarlos en el lugar de reciclaje indicado que una persona que cree que es lo mismo tirar toda la basura junta.

Una persona bien informada empezará a entender que ahorrar luz, agua o gas y no usar bolsas plásticas no es una moda más sino que es algo necesario para dejarle un mundo más limpio y más vivo a sus hijos, a sus nietos y, principalmente, para vivir mejor uno mismo. Debe hacerse saber que los beneficios son para “ahora” y para todos y que no se trata de sueños idealistas sin sustento sino que se basan en una necesidad concreta y urgente que requiere de la acción inmediata. Hacer saber esto seguramente haga que las conciencias empiecen a abrirse y los hábitos a cambiar.

Informando adecuadamente sobre esto, la basura va a dejar de ser un problema solo cuando queda frente a mis narices para pasar a ser un tema que no se extingue cuando deja de tenerse cerca. Porque que un camión la lleve a 20 kilómetros no es una solución. La basura sigue quedando en nuestra ciudad, en nuestro país, en nuestro mundo. El agua que contamina, el aire que poluciona, las enfermedades que genera siguen pasando a la vuelta de la esquina.

Información, cambio de hábitos que redunda en acciones concretas de ambas partes, vecinos y gobiernos, hacen que la cadena que empezó con el cambio de conciencia del ciudadano vaya tomando forma.

El compromiso de todas las partes es necesario: una política seria y consecuente de reciclaje por parte los estados que haga cómodo al vecino llevar sus residuos clasificados a un lugar de recolección, que grandes empresas se sumen a generar menos desechos y a procesar debidamente los suyos también es vital. Toda la sociedad debe ir comprometiéndose en este aspecto y tantos otros del cuidado del medio ambiente.

Por eso digo, las bolsas acumlándose en el micro centro porteño son un gran llamado de atención a las personas, para que busquen información sobre ser consumidores concientes, sobre la reducción, el reuso y el reciclaje. Al principio podrá parecer mucho pero ni bien se empieza, pronto resulta fácil y hasta divertido y llegamos a preguntarnos por qué no tomamos estos hábitos positivos antes.

Un llamado de atención para las autoridades y los privados que deben dejar de pensar en la basura como un gran negocio que mueve millones de pesos al año. Este modelo ya colapsó hace rato y solo los negociados que se entretejen en torno a los desechos han mantenido a esta rueda contaminante girando. La población que creció exponencialmente a la par que el consumo de bienes, las consecuencias negativas en la salud de las poblaciones aledañas a los rellenos sanitarios -que además de muertes generan gastos en salud pública inmensos-, la contaminación de los recursos de los que nos vale para vivir ya no pueden seguir.

La basura es un llamado a todos a ponernos en acción. Si los gobiernos no reaccionan, exijámosle que informen, que solucionen, que dejen sus negociados y trabajen por nosotros. Como ciudadanos, dejemos que el estado nos ponga su estructura a disposición para reciclar y que luego nos controle si cumplimos o no con nuestros deberes.

Finalmente, que los medios no nos engañen con sus noticias vacías: el problema de la basura es mucho más profundo que el hecho que los trabajadores no se la lleven de nuestra puerta. Es un problema de una sociedad que compra y tira y que hasta ahora venía teniendo lugares donde “dejar” su suciedad pero ahora, junto con el abuso de los recursos y el calentamiento global, se ha dado cuenta que este método no corre más. Siempre es mejor tarde que nunca, así que si no cambiaste tus hábitos, empezá ahora y, si ya lo hiciste, contagiá a otros.