Mar del Plata: mi mirada ecológica sobre La Feliz

Hace un par de semanas estuve por Mar del Plata. Una semanita en que la lluvia no dio mucha tregua pero bastó para limpiar los pulmones con ese lindo aire de mar y descansar la vista intentando adivinar la línea exacta donde el cielo toca las olas. Por suerte, encontré muchas señales verdes en La Feliz, principalmente en el tema de los residuos. Aquí, un pequeño repaso por lo que ví y me gustó.

 

Cuando el sol logró abrirse paso entre las nubes, tardamos como 10 minutos (bueno, un poco más tal vez!) en calzarnos las zapatillas y salir a correr un poco por la costa. En el camino de vuelta, pasando por la calle comercial Güemes, nos encontramos un árbol intervenido al mejor estilo Yarn Bombing.

En cuanto a la “basura” y su tratamiento, desde mayo funciona en Mar del Plata un sistema de recolección diferenciado. Esto va de la mano de una campaña de concientización y la instalación de cestos especiales en las calles de la ciudad. El verde para los reciclables, el negro para lo común.

Mati Callone

La campaña tiene el slogan “Amar es cuidar a Mar del Plata“. Por supuesto, tener hábitos eco amigables con el planeta es un acto de amor a la naturaleza, al prójimo y al porvenir.

Mati Callone

Dos cosas que me encantaron pero que olvidé sacar fotos: en Mardel el agua que sale de la canilla es sana y rica. Tomable, diría burdamente. Acostumbrada a que en Buenos Aires sabe a cloro y a que, por precaución, se la compra embotellada, ver a alguien servirse agua en el vaso directo de la red me llamó la atención. Qué locura, debería ser lo más normal del mundo, ¿no creen?

Lo otro que me encantaron: las verdulerías y fruterías. ¡Cuántos colores y variedad! Es que la zona es frutihortícola por excelencia y, al no haber mucho traslado de la finca al vendedor, se ven rozagantes y apetitosas (si bien no todo es orgánico). Además, son más baratos. Conclusión: comprar local, qué bueno es.

Este esténcil al borde de la alcantarilla llama la atención sobre un hecho tan obvio y tan ignorado: “Esto va al mar“, dice. A veces insistir en que todo lo que tires ahí terminará flotando en esas aguas donde luego te bañarás, no está de más.

Mati Callone

Volviendo al tema residuos, hay días para sacar la bolsa común con orgánicos -si no tenés tu propio compost- y otros, la verde donde van los reciclables: papeles, cartones -no engrasados-, plásticos, metales, textiles, vidrios. En la casa de nuestro anfitrión, se separa en origen:

Una de las noches que tocaba sacar los residuos reciclables, anduvimos dando una vueltas y constaté que los vecinos realmente se sumaron a esta inciativa. ¡Muchas bolsitas verdes por todos lados!

 

Si bien es opcional separar la basura, por suerte, hay voluntad ciudadana para hacerlo: 70% de las bolsas verdes tienen bien separados los residuos. Todo es procesado en la planta de separación y recuperación de materiales que ya estaba funcionando pero que fue formalmente inaugurada hace muy poco tiempo. Los funcionarios marplatenses dijeron que el próximo paso será el de industrializar y agregar valor a los residuos recuperables.

¿Por qué les cuento esta iniciativa? Porque hay que mostrar que el nivel de cumplimiento, preocupación e involucramiento de las familias en este proceso es muy alto. Hay un amplio porcentaje de la población dispuesta a sumar su grano de arena en tareas ecológicas. Falta que quienes administran y gestionan las comunidades micro y macro hagan su parte. Falta reforzar las campañas informativas para que quienes aún no se han dado cuenta de la necesidad (imperiosa) de ser ecológicamente responsables se enteren que es mucho más fácil y divertido ser ecológicos que no serlo.

Esta experiencia indica que todos las autoridades responsables de cada municipio y gobierno deben poner al alcance de las personas una manera fácil y accesible para gestionar sus residuos.

Como mera visitante de La Feliz lo que sí noté -y no me gustó- fue que hay mucha caca de mascotas por todos lados. Literalmente: no hay que descuidarse un segundo porque no sabés cuando vas a pisar “eso” que te trae buena suerte. No sabría si atribuirlo a dueños de perros irrespetuosos, a que hay bastantes perros callejeros o algún otro motivo. Pero, sencillamente, no está bueno.

Los dejo con una fotito de Wé Aukán, los amigos marplatenses que nos hicimos.