Xinca, zapatillas con conciencia ambiental y social

población mundial. Todavía peor si para lograr que el 1% de la humanidad siga siendo (muy) rica hay que mantener el ritmo de consumo (muy) alto haciendo girar la rueda del compre-use-tire hasta hacerla salir de eje.

Cambiar ese paradigma del consumo que nos ha traído hasta aquí es una tarea que ya no podemos postergar mucho más. Todos los que estamos aquí lo sabemos y, por suerte, también ya son muchos los emprendedores que entendieron esto y van por este camino. En Alternativa siempre te los estamos mostrando y ahora es el turno de sumar otra marca a nuestro eco catálogo que está bien ejecutada desde todos los costados posibles: el ambiental, el social y el económico. Una muestra de que se puede producir con calidad, originalidad y generando una onda expansiva positiva en la sociedad, todo eso es Xinca zapatillas.

Al igual que el Colectivo Yarará y su mural hecho con tapitas de plástico, este proyecto viene desde Mendoza. Xinca nació del espíritu innovador de tres amigos que pasaron por un programa de televisión y lograron hacer que su emprendimiento empiece a caminar con paso firme. Las personas (y corazones) detrás de la marca son Ezequeil Gatti, Nazareno El Hom y Alejandro Malgor. Juntos encontraron una manera de cuidar al medio ambiente tomando el 90% de su materia prima de lo que otros hubieran tirado en la basura.

Las suelas están hechas con neumáticos reciclados que, como nos cuentan, “son fáciles de conseguir porque sólo en Argentina se desechan anualmente 100.000 toneladas. Sin ir muy lejos, en la gomería de tu barrio, desechan 200 neumáticos por mes. Lo que hicimos fue hacer un acuerdo con una planta de reciclado que nos entrega la goma triturada y luego la llevamos a una fábrica donde nos hacen las bases”.

Las telas son reutilizadas, Alejandro nos cuenta “para la capellada -parte superior- usamos telas de diferentes orígenes: ropa de trabajo, mamelucos, retazos de telas de fábricas de ropa, jeans viejos. Ahora estamos buscando acuerdos con empresas y fábricas para que nos entreguen su ropa de trabajo o mamelucos que de otra forma irán a para a la basura”. Para que las telas puedan servir como capellada deben cumplir, por supuesto, ciertos requisitos: “necesitamos un cierto espesor para garantizar su calidad”.

El costado ambiental queda cubierto de esta manera mientras que el social busca dar oportunidades a personas que se han quedado fuera del sistema. “En nuestro proceso productivo incorporamos a personas que se encuentran en estado de vulnerabilidad social”, cuentan. Así las tareas  de cortado y bondeado (pegar telas) de las zapatillas están destinadas a ellos. Por eso, las zapas se confeccionan en un taller inclusivo de Maipú, que se llama Impulso Social. En los planes de Xinca también está “sumar más talleres inclusivos y probar productos a partir del reciclado de sachet de leche y banners. La idea es “no sólo queremos vender zapatillas recicladas, sino contagiar, educar, informar a la gente“.

“No se trata aquí de rentabilidad por rentabilidad misma: queremos que nos vaya bien para seguir buscando mayor impacto en el medio ambiente y generar una red social de trabajo cada vez más grande”, dicen. Los productos, por su parte, podrían venderse sólo por su buen diseño y calidad aunque no supiéramos todo el detrás de escena, ¿no les parece?

Lindas, prácticas, súper cancheras y con una ética social y ambiental por detrás tan bien articulada, Xinca  entiende que cada pequeña acción cuenta cuando se trata de cuidar al planeta. “¿Por qué consumir todo el tiempo materiales vírgenes cuando hay tanto para reciclar y de buenísima calidad?”, se preguntan. Sino, miren qué lindas zapas hechas con 90% de material recuperado:

Esto cierra por todos lados, no se ustedes, pero ¡yo quiero unas Xinca para mi! La buena noticia es que muy pronto vas a poder comprar las Xinca en su web www.xinca.com.ar

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