Árboles nativos para veredas

Es el turno de conocer Un árbol para mi vereda. Sólo les digo: espero que se enamoren de este proyecto así como yo lo hice al conocerlo más en detalle.

Vecinos que plantan árboles

La historia comienza así: dos amigos: Marcos Macera y Lisandro Grané se conocen en el curso de “Producción de árboles y arbustos ornamentales”, que dicta la Facultad de Agronomía de la UBA, en la escuela de jardinería Juan O. Hall. “Es un curso teórico-práctico de 4 meses de duración, muy completo”, nos relata Lisandro vía mail.

De esta mágica tarea -literalmente- de sembrar vida, pronto ambos se encontraron teniendo una gran cantidad de árboles nativos creciendo en sus casas. De lo que carecían era de un lugar adecuado donde volverse señores que dan cobijo en verano y sabiduría todo el año.

Está visto que para todo problema hay una solución, siempre que estemos dispuestos a encontrarla. Por eso, no tardó en aparecer un dato que para otros hubiera pasado desapercibido pero que, para ellos, fue la pieza que abriría un camino nuevo.

El dato era que en Capital Federal existe un promedio de 4 canteros vacíos por calle -según sondeos de los protagonistas-.

Que haya espacios para árboles sin árboles, representaba más que una paradoja, una chance de darles un nuevo hogar a sus criaturas verdes. Sin embargo, nadie dejaría  ir a sus hijos, que con tanto amor hizo germinar y crecer, para que luego tengan que vérselas con el desamparo y tengan un futuro incierto, ¿no les parece?

Fue en ese instante en que a los chicos se les ocurrió la vuelta de tuerca de este proyecto, que es lo que lo vuelve aún más genial: “dijimos vamos a plantarlos en las veredas pero siempre “a pedido” del vecino. Nunca de prepo. Tiene que haber un ser humano que se comprometa a cuidarlo, por lo menos el primer año de vida en tierra. Esta es la diferencia con el plantado que hace la municipalidad y que determina que los árboles sobrevivan”, aclara Lisandro.

Si no estuviera el compromiso del vecino de controlar y apuntalar el desarrollo de ése árbol en esos primeros momentos de su vida, probablemente no prosperaría. Además, como nos cuentan, “esto crea un vínculo de mutuo beneficio entre hombre y árbol. Un nuevo sentido de comunidad”.

Artículo relacionado: Biodiversidad de Buenos Aires, resistiendo

Cómo germinar y criar árboles nativos

Si viéramos el detrás de escena de Un árbol para mi vereda nos encontraríamos, sin dudas, con semillas, muchas, muchas semillas. ¿Cómo se hacen de ellas?

“Las recogemos nosotros. Cada especie tiene su época pero, en general, las especies nativas (que son las que más nos interesan producir), dan frutos en otoño”.

“Luego armamos talleres de producción donde enseñamos los distintos tratamientos pre germinativos que requiere cada especie y compartimos una rueda de siembra. Estos talleres son gratuitos. Los organizamos en centros culturales, huertas vecinales, clubes, sociedades de fomento, escuelas, etc.”, apuntan.

Marcos y Lisandro dictan los talleres para transmitir su amor y sus conocimientos sobre árboles. Los ritmos de los talleres van siguiendo el compás de los ritmos naturales.

Para la primavera se dictan hasta dos por semana y se aprovecha que es la época ideal para sembrar. En verano no hay tanta gente para los talleres (vacaciones, que le dicen :P) pero las semillas brotan bien, eso sí, requieren más atención con el riego.

“En invierno no conviene sembrar si no se cuenta con invernadero o un interior donde entre el sol así que los talleres se limitan a repicar (pasar a macetas más grandes)”, continúan contándonos.

Además de desarrollar la parte teórica, ver documentales sobre permacultura y brindar charlas sobre temas puntuales como la preparación de sustratos para cada especie, compost, bosques comestibles, bombas de semillas, etc.

La cita de los talleres suele ser en sitios donde se pueden dejar los almácigos. “Al cuidado de gente responsable que comprenda la importancia de esta labor. Por eso suelen darse en huertas comunitarias o centros culturales con orientación a la permacultura”, explican.

“Estos lugares se transforman en unidades productivas donde se crían los ejemplares hasta que tienen el porte adecuado para ir a tierra (mínimo 1,5 mts.)

Entonces, el vecino que tiene un cantero libre y quiere apadrinar un árbol, recibe el ejemplar del centro vecinal más cercano. Así se evitan gastos de flete, uso de combustibles fósiles y contaminación. “Los árboles se crían cerca del vecino que podría adoptarlos”.

Artículo relacionado: El renacer de un árbol, el ombú histórico de Plaza Roma

El valor de plantar un árbol

Un árbol.. se encarga de hacer mucho bien, y más todavía a las generaciones futuras, con tan poco como una semilla, un poco de tierra, el saber preciso y todo el cariño por un ser viviente tan mágico como es un árbol.

Sin dudas, el trabajo de Marcos y Lisandro es el terreno propicio para que surjan historias como ésta: “un chico de 8 años me dijo en un taller de producción: “Ah..! Entonces yo puedo agarrar una semilla de un árbol y sembrarla donde quiero para después hacer crecer un árbol igual al de la semilla…”. Ahí me di cuenta de que nadie explica esta relación tan básica a los chicos.

Tal vez el niño pensaba que los árboles crecían solos y que las semillas eran algo que se encontraba caprichosamente en las frutas o se compraba en el supermercado.

“Esta situación me reveló cuán desconectados de la naturaleza estamos los humanos que vivimos en las ciudades. Y el hecho de que este niño comprendiera el ciclo -del que somos parte- me conmovió profundamente. No me lo esperaba y casi me pongo a llorar”.

ces me gusta hacer las preguntas más obvias porque no hay que dar todo por sentado en esta vida y una tiene que intentar llegar al meollo de todo, ¿no les parece?

Entonces, dejé para el final este interrogante que ustedes pueden llegar a creer tonto (¡y con razón!) pero que me dio las razones de toda esta tarea. Entonces, pregunté: ¿por qué consideran que plantar un árbol puede hacer una diferencia en la sociedad?

“Plantar un árbol hace una diferencia para uno mismo. El que ha plantado, cuidado y visto crecer cualquier planta sabe a qué me refiero”.

Continúa: “Es una sensación de armonía con la madre tierra, de conexión con uno mismo y con todos los seres que respiran, un gesto de agradecimiento y de ofrenda de nuestro trabajo que nos reconforta. Porque, esencialmente es algo que hacemos para otros. Una acción que no está motivada por el beneficio personal a corto plazo -algo que nuestras sociedades urbanas fomentan desde la publicidad o los valores de éxito y progreso personal-“.


Lisandro lo explica tan lindo que no puedo interrumpir su explicación, y continúa contándonos: “plantar un árbol a cuya sombra quizás no lleguemos a sentarnos y sentir que serán nuestros hijos quienes disfrutarán de sus beneficios es algo que corta el ciclo egoísta del hombre “moderno” en el que estamos atrapados y perdidos. No se trata de cambiar el mundo. Se trata de cambiarnos a nosotros mismos.

Todas las fotos son de Un árbol para mi vereda.