Rosario: viaje de placer con lado ecológico

Hace poquito hubo un fin de semana largo y con Santi nos escapamos de Buenos Aires. Desde marzo que no visitaba otra provincia argentina así que ya era hora que cambiara de paisaje. La elegida fue Rosario, en Santa Fe, ciudad que conocí en 2009 y que, desde entonces, se me marcó como preferida, tanto, que siempre quise volver.

Así que después de varios intentos fallidos, un sábado soleado y caluroso volví a ella. Me recibió como entonces: elegante, jovial y atractiva. Sabe que tiene con qué cautivar: el río Paraná contorneándose, la vera bien parquizada puesta a punto para caminarla, andarla en bici o sentarse por unos mates. El Puente Victoria recortándose de fondo. Su arquitectura singular: cúpulas, ornamentaciones, casonas, todo al estilo de hace un par de siglos. Todo mantenido en un equilibrio (a veces muy fino) con la modernidad: no falta la torre moderna construída detrás de la vieja fachada pero, al menos, la esencia permanece y cautiva.

Sus bares, sus barrios, su historia y sus personajes ilustres poblando de anécdotas cada esquina, cada rincón. Rosario tiene todo lo que me gusta, y algo primordial: la naturaleza colándose en la ciudadela bastante seguido. Por eso en este post me voy a detener en su costado eco, así como alguna vez  lo hice con Mar del Plata.

Lo primero que noté es que tienen containers diferenciados para los reciclables y los orgánicos. Caminé bastante y noté que no están tan bien distribuidos ni son tantos: hay zonas en que están cada pocas cuadras y otras en que pasás diez sin encontrar ninguno. Sin embargo, creo ya así son de utilidad. De hecho, todos los papeles y botellas plásticas que usé en mi estadía me encargué de acercarlas a “los naranjas” y así puedo decir que pasé por Rosario y me fuí con mi conciencia tranquila que todo fue a parar al reciclaje.

Lo que no crucé para nada fue ninguna campaña gráfica que reforzara las reglas o beneficios de reciclar. Pero puede ser que, simplemente, haya otros métodos de concientización. He escuchado que existen charlas a vecinos sobre ecología, algo así como “hogares verdes”. Se informa en reuniones muy amenas, se juega y así se aprende cómo tener un hogar eco. Seguramente algún rosarino sabrá decirme si aún está en vigencia.

 

Si bien el nivel de pulcritud de Rosario es aceptable, nunca falta la gente que no entiende las reglas básicas de llevar su propia basura a un tacho. Por eso me topé en un rincón del río con varias botellas plásticas en el piso. No pude evitar recogerlas y ponerlas en una bolsa para llevarlas al container más cercano. La importancia de que esos plásticos no fueran derecho al río me pareció algo en lo que se podría trabajar desde alguna campaña copada, principalmente pensando en riesgos como generar islas tóxicas en nuestras corrientes de agua, ¿no?

 

Los espacios verdes son uno de los atractivos número uno para mi en Rosario empezando, claro está, con la Costanera. Ahhhh… ver el horizonte, ver el agua… sentir el vientito… placeeeeeeer…

 

 

 

Encima, para mejor, desde que este año aprendí a apreciar mejor al mundo de los pájaros gracias a los chicos de Birdwatching Twittero, me gusta verlos merodeando el cielo y piando de rama en rama. Valga remarcar que esto de avistar pájaros tiene su costado negativo y en un mes ya me ligué dos cacas pajariles. Espero que redunde en la suerte que el dicho popular augura en tales casos. 😛

Plazas. Verde. Parque. Verde. Qué belleza perderse en la ciudad para descansar a la fresca de mis otros grandes amigos: los árboles.

 

 

Otro “poroto” a favor para la ciudad de Fito, Fontanorrosa, Olmedo, Messi y la Aymar: las bicisendas. Más despejadas que las porteñas (es decir, libres de obstáculos: contenedores, autos mal estacionados, etc) y, por lo que pude ver, bastante usadas por los ciclistas. No puedo dar fe de si el trazado es correcto y tiene buena conectividad. Otra vez recurro a los lectores a ver si pueden ilustrarme en este punto.

Para ciclistas también ya hay bastantes bicicleteros (de un diseño algo peculiar) para que dejen sus bólidos aparcados cuando lo necesiten.

¿Les conté de las plazas ya? Me gustaron mucho y me topé con unas cuantas. Sin enrejar, a diferencia de Baires. Eso me gusta más. Podría contarles mucho más de Rosario, pero además de decirles que se come bien, tiene noche, tiene aire libre, tiene patrimonio, tiene playas, tiene fútbol, tiene música, lo más importante es que tiene el nosequé que hace que, cuando me estoy yendo, ya quiero volver.

 

 

 

Espero que cuando eso ocurra, encuentre aún más marcado su compromiso con el cuidado del planeta. Si sigue así creo que va por muy buen camino.

¡Gracias Santi por todas las fotos geniales para ilustrar el post!