Así es mi compost en departamento

Bueno, espero que nadie se ofenda pero, la verdad, es que habría que tomarse el trabajo de desactivar el chip tan pasado de moda de esta gente. Quien piensa en el concepto “basura” como “todo lo que ya no uso y no quiero cerca”, está taaaaaaan errado. Primero, porque todo es reaprovechable (y debe serlo). Segundo, porque no existe cosa tal como “basura”. Empezando, claro está, por las sobras orgánicas que generamos.

Los desechos orgánicos requieren un tiempo para convertirse en suelo fértil y nutritivo que podamos usar. Por eso es que mi compostera Fábrica Orgánica es mi mejor adquisición de los últimos tiempos. Esta compostera está compuesta por dos cajones y una pequeño compatimento base, todos hechos con plástico reciclado. A pedido de Fernando, que está muy interesado en el tema, aquí les cuento mi experiencia.

Para empezar a usarla basta verter una capa de tierra (tres dedos aprox) y echar las lombrices californianas a su nuevo hogar. Poco a poco, hay que empezar a alimentar a estos nuevos inquilinos: cáscaras de verduras y frutas cortadas en pequeños pedacitos (para facilitar su descomposición) deben ser puestas en una esquina del cajón para que el trabajo de las invertebradas comience. Luego, hay que cubrirlas con pedacitos de papel para que la humedad se compense.

 

 

Hay que ir muy lentamente agregando los orgánicos a la compostera. Las lombrices demoran su tiempo en digerir y procesar todo. Se necesita paciencia. No hay que atiborrar todo con desechos porque sino empezará a largar olores y no va a prosperar.

Hace más de un mes que tengo la compostera y todo marcha muy bien (a saber: hay que elegir un lugar a la sombra y fresco donde ubicarla). Un dato clave que me dio Sonia, el alma máter de la Fábrica, es que hay que guiarse mucho por el olfato. Es clave reconocer si algo empieza a oler mal porque, en ese caso, ¡algo estamos haciendo mal! Lo normal es que el compost desprenda un olor un poco fuerte a humedad. 

Por ejemplo, en estos días estoy notando que está más húmedo que lo habitual, así que comencé a agregar más hojitas secas, papeles y tierra para que no esté tan mojado. Creo que esta humedad se debe a que agregué algunos restos de frutilla que tenía mucha agua y eso contribuyó a que se formara como una pelusa, que no eran más que hongos. Ahí me di cuenta que había que compensar un poco… Revolví, ventilé y lo seguiré de cerca. Es clave recordar que si está pasado de húmedo, va a empezar a pudrirse todo.

 

También me da la impresión que está formando muchas mosquitas de la fruta, así que lo estoy controlando de cerca. Todo bien, pero en mi compost por ahora sólo quiero que vivan las lombrices. En la foto vemos a una de mis mascotillas, y les juro que desde que llegaron cada día están más gorditas 😉

Soy una gran novata en esto, así que por ahora vigilo mucho y voy a prueba y error. Esta semana eché bastantes orgánicos así que por ahora no voy a poner más. Iré viendo cuándo el apetito de las chicas amerita una nueva comilona. La apariencia que vienen teniendo el compost parece ser la normal: los desechos se van tornando marrones al oxidarse y, poco a poco, se van mimetizando con la tierra, haciéndose pequeños trozos de materia orgánica.

La primera producción la tendré recién en 5 o seis meses, y ¡será muy grande! Cuando eso suceda, tendré que empezar a llenar el segundo cajón y mudar a las lombricitas. Pero mucho antes de eso, les voy a contar cómo sigue esta experiencia de compostar en departamento. De por sí les digo: no sólo es muy satisfactoria sino que lo mejor es ver cómo se reducen los residuos que uno saca a la calles. Separar en origen, compostar… basura, ¿qué es eso?