5 motivos que ponen pesimista a cualquier ecológico (y 5 para no bajar los brazos)

Muy frustrante.

En este post les propongo: ¡hagamos terapia grupal! Porque se que si comparto con ustedes esas cosas que ponen en jaque mi paciencia y hasta mi positivismo verde, me van a entender. Porque, cuando se repite esa sensación de estar remando en contra de la corriente y, lo peor, de que nunca llegaremos a buen puerto en esto de un nuevo paridigma de sociedad, entre nosotros es fácil alentarnos. Además, cuando nos juntamos y amuchamos también vemos que no sólo no estamos solos sino que somos más de los que imaginamos, y ahí sí, la cosa empieza a ir pum para arriba.

http://www.flickr.com/photos/daniela_petroleuse/6785426515/

petroleuse

Déjenme hacer los honores como anfitriona de este blog y dar el puntapié inicial de 5 cosas que realmente me ponen en pesimista:

1. Salir a la calle y ver las bolsas de basura no clasificada (aún en los municipios donde sí funciona un programa de reciclaje) o escuchar a alguien decir que no separa sus residuos sólo porque el Municipio no se hace cargo de reciclar, son cosas que me ponen en negativa. Obvio, son tan cotidianas que la indignación va menguando hasta ser apenitas una chispita de rabia que pasa fugazmente y que se aprende a apagar al instante. Pero, sencillamente, no entiendo que no se informe o bien nadie se de por aludido de que la basura ¡nos va a tapar!

2. Ver árboles mal podados o, lo que es lo mismo decir, mutilados. Desde que me informé y entendí la función y las buenas prácticas de podar un árbol, ahora le sumo una nueva indignación a mis caminatas por la ciudad. Pero no porque me crea la dueña de ninguna verdad “podadora” sino porque leo en esto otro signo de la desconexión entre las personas y la naturaleza. No respetar un árbol, no cuidarlo y llegar al punto de que sólo porque sus hojas llenan nuestra vereda permitir que cualquiera lo corte sin criterio alguno y lo termine matando, es algo que me dice “no estamos bien”.

http://www.flickr.com/photos/daniela_petroleuse/2762655989/

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3. Saber que los problemas ambientales no figuran como prioridad en la agenda política de ningún partido nacional (aunque me arriesgaría a decir, mundial). O si lo hacen abarcan temas “cosméticos” y no de fondo porque, sencillamente, es el sistema el que necesita seguir depredando nuestros recursos para no perder ni un centavo de regalías. Cuando pienso que la codicia de unos pocos impide virar hacia prácticas sustentables y justas para más porcentaje de la población global, no les voy a a mentir, me siento peleando una causa utópica.

4. Ver el daño que le hicimos (y le seguimos haciendo) al medio ambiente es como una bofetada a cualquier eco activista. Ni me voy a detener a explayarme en el tema porque se que acá todos lo vivimos igual pero sólo valga mencionar: que el ser humano se crea superior al resto de las criaturas y avance sobre sus hábitats sin miramientos evidencia cómo hemos retrocedido, en vez de haber avanzado.

5. La idiosincracia del lo “desechable”: ver cómo a muchos comerciantes les cuesta aceptar el pedido de “por favor, sin bolsa”; ver cómo la vorágine de las comidas del delivery hace uso y abuso del plástico que se tira al primer uso, ver cómo se incentivan las energías “sucias” teniendo opciones mejores… y, también, el pensar que esto que pasa no nos afecta porque sucede “lejos” y porque si no ocurren en la punta de nuestra nariz, no hacemos nada por ellas.

Todas éstas cosas me desaniman. Pero después me doy cuenta que no hay caso en ver la mitad del vaso vacío y que los motivos para seguir siendo eco son mejores:

1. Es nuestra oportunidad de cambiar las cosas. ¿Cuándo un cambio trascendental en la historia vino desde las clases poderosas (que suelen ser conservadoras y sólo buscan mantenerse a salvo ellos mismos)? ¡¿Cuándo?! No se me ocurre ni una vez. Entonces, si desde nuestra humilde baldoza de ciudadanos no empujamos en el sentido de la sustentabilidad, el cambio nunca llegará. Sólo desde cada individuo conectando con otros, y así volviéndose cada vez más, sólo así podremos hacer que las cosas mejoren.

2. ¡Es genial vivir en una etapa de transición! ¿No lo sienten? Es movilizante sentir que estamos frente a un desafío sin igual: el de generar un cambio hoy y pasar la posta a los que vengan. Es una etapa de oportunidades ¡por donde se la mire! Estar ajenos a este momento de cambios y puertas que se abren, amarrarse a lo negativo o al pasado, es perder el tiempo. Dejate llevar por la marea verde y animate a repensar, replantear y dar todo vuelta. ¡Es ahora!

3. El mejor motivo es de todos es ¡por vos, por mi, por nosotros, por los que vendrán! Y porque cuando el viento nos va amontando no hay nada mejor que ver que somos muchos, en todas partes, cambiando el rumbo. De a poco pero constante, así es como se logran las cosas.

4. ¡No podríamos ser de otra manera! Lo mejor de volverse “verde” es que una vez que se abren los ojos a esta realidad, ya no hay vuelta atrás. Así que si lográs que alguien adopte eco hábitos, listo, seguro seguirá siéndolo y contagiará a otros.

5. Las nuevas generaciones lo entienden mejor que nosotros: el cambio ya está en marcha. Más tarde o más temprano, todos van a tener que sumarse. ¿No les parece? 😀

¡Además, siempre lo positivo pesa más que lo otro, así que a ponerle onda y no desanimarse!