Permacultura: una forma de pensamiento distinta para el cambio de paradigma

fue apasionante, realmente, y me dediqué más a escucharla que a tomar nota, así que perdón si mis pensamientos están algo desorganizados. En el blog hemos hablado de la permacultura en otras oportunidades, mostrando el avance de las ecovillas en el mundo y en Argentina y demás construcciones ecológicas. Más el tema es tan vasto que de ninguna manera se agota allí. De hecho, Vanesa y Juan mostraron en esta charla -amena, dinámica y cálida- que la permacultura es una forma de pensamiento bajo la cual son muchas las prácticas que se pueden agrupar. Los inicios de esta filosofía están ligados, por supuesto, a Bill Molison y David Holmgren y ha continuado con comunidades ecológicas como Crystal Waters y con proyectos tan revolucionarios como the Green School en Bali. Pero la permacultura no es sólo una manera de construcción natural. Como bien lo define Amartya, también implica "el cuidado de la tierra viva que está bajo nuestros pies. De los bosques, el suelo, el agua y la biodiversidad. Es el cuidado de la gente. Es la iniciativa de individuos, familias y grupos que cuidan el medio ambiente en un habitad solidario y de convivencia creativa". Graham Brunett Todo en un tono festivo que celebra la abundancia en la naturaleza y acepta sus limitaciones. "La permacultura diseña paisajes sustentables prósperos, que nos dan alimento y energía. Basados en la frugalidad, creamos abundancia en armonía con la naturaleza". La puesta en juego de los elementos de la tierra de una manera que se los aproveche al máximo es también una forma permacultural. Se valen del sol, el viento y el agua con paneles solares pasivos, hélices pequeñas para generar energía eólica y usando sistemas de agua en altura para encauzar este vital elemento y capturar lo más posible la energía que libera a su paso. Es decir, habitar permaculturalmente es volver a los ciclos de la vida en que todo es una rueda y nada se pierda, todo se transforma. Es abandonar este sistema lineal que se inauguró apenas dos siglos atrás y que viene usando las reservas del planeta que tardaron miles y miles de años en formarse y que parece querer seguirlo haciendo hasta agotarlas por completo, sin importarle las generaciones futuras ni la calidad de vida de lal actual. Mucho importa entender que somos mínimos partícipes en este escenario que es el universo. Me gustó mucho el ejemplo que dio Juan para entender la dimensión humana y nuestro alcance real: imaginen un globo inflado, ahora tomen una pintura en aerosol y rocien el globo. Esa fina capa que se forma es la franja de tierra que habitamos. Sólo eso. Además, existimos gracias a la energía del sol que hace habitable el planeta y nos da vida como organismos. Somos tan pequeños y, sin embargo, nuestra influencia sobre el planeta puede ser tan negativa. La buena noticia es que no tiene por qué ser así. Basta con repensar nuestro sistema de vida y entender que el respeto y el amor tienen que ser la base de un nuevo paradigma. Los principios que rigen a la permacultura también tienen que ver con la distribución justa. Es decir, que más vivamos frugalmente para que el resto pueda, simplemente, vivir. El cooperativismo y las monedas alternativas así como el trueque caen bajo el paragüas permacultural, pues es todo un sistema sustentable de vida. No tenemos que vivir en ecovillas para ser permacultores. Podemos vivir en ciudades y empezar por cambiar nuestro consumo y elegir comprar local y a pequeños productores que sepamos trabajan orgánicamente. Podemos apostar por sembrar nuestros alimentos así tengamos terraza o balcón. O usar baldíos como huertas. Podemos ser responsables de nuestros desechos, reciclar y hacer compost. Podemos cuidar los recursos. Guardar semillas y armar bancos propios con ellas. ¡Hay tanto por hacer! Y por si lo estás pensando, no, no hay que ser hippies y aislarse de la sociedad para lograrlo. Unos últimos consejos que me traje de la charla: que las Tres R sean más: retroalimentación -vida en comunidad, formar nuevos lazos, círculos de vida-, relocalización -que todo vuelva a ser más local y menos global para disminuir la huella de carbono que se genera con esta economía-; y reparación, que debe ser la primera de todas las R porque arreglar algo a tiempo hace que el resto de las R se demoren en llegar 😉 Un último
dato por si después de leer esto sentís necesidad de huir a formar tu propio proyecto permacultural: para que viva una familia de 4 personas se estima que se necesita un terreno de 2000 m2 que gestionen la tierra como un latifundio. Como bien decía Vanesa, el panorama que nos pintan es alarmante pero no hay que caer en el pesimismo. Aún estamos en un momento único donde todo es posible porque podemos empezar un cambio que, seguramente no veremos pero, es la mejor (y única) alternativa sustentable. Las generaciones futuras no tendrán un tiempo tan auspicioso como el que nosotros tenemos ahora. Por eso el optimismo no es ingenuo y generar miedo no es el camino. Todas las fotos son propiedad de Amartya