Perotá Chingó, música viajera

Perotá Chingó, música viajera
Perotá Chingó, música viajera

Tuve la suerte de publicar una de las primeras entrevistas a Perotá Chingó, ya hace 8 años atrás. Su canción Ríe Chinito ya despuntaba como todo lo popular que sería y pude conversar con Martín, uno de sus integrantes.

La siguiente nota fue el resultado de esa charla amena y sigue guardando la calidez de ese encuentro.

Perotá Chingó son cuatro jóvenes que empezaron un viaje de intercambio musical y cultural por toda Latinoamérica. Su música es una mixtura cálida y alegre de ritmos y estilos de distintos autores.

Su impronta los hace encarar el repertorio sin prejuicios, sin ataduras y con un poco de desfachatez. Su intención es “proponer un juego en el cual se vuelve difusa toda frontera”.

¿Fronteras? Qué puede ser una frontera más que una línea arbitraria que separa lo mío de lo tuyo en el mundo de los poderosos. Qué es una frontera más que un gran prejuicio que nos hace olvidar que somos todos hijos de una sola Tierra.

Fronteras, la gran estrategia de división mundial. Basta andar los caminos del mundo para entender que son un artificio burdo y sin sentido. No hay fronteras con el vecino y tampoco la hay con el Cosmos. De eso entienden bastante los integrantes de este grupo.

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Veo las fotos de Perotá Chingó y veo en ellos todo lo que ser natural puede encerrar. Por natural quiero decir una cualidad a la que se llega cuando nos aceptamos como somos y cuando somos aquello que queremos ser (por “querer” no me refiero tanto a lo que busquemos adrede tanto como que lo dejemos fluir).

Ser natural sería estar cómodos en la piel que nos toca habitar. Sin tomar posturas prestadas ni impuestas.

El comienzo de Perotá Chingó

La semillita de la cual nació Perotá fue la amistad desde la infancia de Julia Ortiz (Voz y shakers) y Dolores Aguirre (Voz y guitarra). Ambas argentinas con talento vocal complementario y una pasión por la música afín que desde entonces las hizo caminar juntas.

Para el verano de 2011 la semilla se decidió a germinar en tierras arenas de la costa uruguaya. Allí Julia y Lola se fueron en plan viajero para hacer oír su música en bares y playas. Para seguir andando iban juntando combustible de ese que el capitalismo llama dinero a base del famoso mecanismo popular llamado “a la gorra”.

Un buen día, en Cabo Polonio, Pocho Alvárez (el muchacho que las sabe lungas de imágenes en movimiento y estáticas) volvió digitales a las chicas cantando “Ríe Chinito”. YouTube hizo el resto convirtiendo al video de la canción en un viral.

Con este empujoncito virtual, su música se hizo una ráfaga de aire fresco que sopló tan fuerte que arrastró las voces enérgicas y melosas del -por entonces dúo- Perotá Chingó hasta muchos puntos del mundo, muy lejanos de aquel rincón costero uruguayo. Así la semilla se volvió brote vigoroso al que todos quieren nutrir con energía.

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La consolidación de Perotá Chingó

Como todo nuevo ser, Perotá necesitó apoyo y cuidado. Al poco tiempo, eso fue lo que vinieron a darle Diego Cotelo (Uruguay) en guitarra y Martin Dacosta (Brasil) en percusión.

El brote se volvió planta madura y se echó a rodar en una gira de casi tres meses por el interior y Patagonia de Argentina, y gran parte de Chile.

En cada lugar que Perotá Chingó tocaba, los bares quedaban chicos y una función tenía que hacerse dos veces: una en el punto primigenio y otra en un lugar público para que nadie se quedara sin escucharlos.

Todo fue auto gestionado por los mismos integrantes de la banda y contó con la gran ayuda de esos seguidores -que cada vez eran más y más- que los iban hospedando en el camino.

Las redes sociales abonaron con su amor esa gira que los llevó por aquí y por allá, siempre con su música y con su energía contagiosa. Hoy, en Facebook ya son 46.884 y se siguen sumando.

Me enteré de Perotá Chingó casi al pasar en un programa de televisión y quise que fueran parte del concurso aniversario. Estábamos en la misma sintonía, lo sentí al verlos y lo confirmé cuando Martín, con su mejor onda, compartió unos mates conmigo y me contó de la banda, sus orígenes y sus proyectos.

Lo natural, como divagaba decía párrafos atrás, pasa por dejar fluir, por relajarse, por escuchar los propios tiempos y lo que uno entiende que hace bien.

En ese sentido, Martín nos cuenta que “en general todo el grupo tiene cierta conciencia con respecto a la alimentación y lo que eso conlleva. No somos de comer comida chatarra o rápida. No comemos carne, salvo algunos a veces cuando pinta. No somos de tomar alcohol tampoco, no en la medida de lo que suele ser normal”.

Sin embargo, todo esto no es una postura declarada o a declarar, sino mas bien asumir ese accionar porque comprobamos que así estamos mejor.

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Siempre me fascinó el microclima que se genera en los recitales en general. Esta fue la primera vez tuve la oportunidad de preguntarle a alguien que “está del otro lado del mostrador” qué se siente abrir ese campo tan especial que sólo los artistas saben desplegar.

Según Martín, “los shows tienen mucha carga de energía, si bien no de despliegue escénico, la cosa pasa más que nada por generar esa intimidad entre todos los que son parte en ese momento de lo que está pasando”.

Continúa explicando: “La gente está ahí, cómplices del instante, recibiendo y dando al igual que nosotros. Y todo es muy espontáneo, íntimo. Entre tema y tema somos lo que somos en el escenario, amigos en ronda, como en una mateada. La gente nos da mucho cariño todo el tiempo, uno se va del recital completamente feliz y agradecido”.

Martín me contó que “con la Naturaleza es un abrazo constante, desde la alimentación, la gira, andar por tierra tantos kilómetros adentrándonos en todo tipo de lugares, geografías. Admirando maravillas de esta tierra. Conociendo gente de todos lados”.

“Amamos la tierra, toda su naturaleza. Esto de que la revolución empieza por uno mismo es algo bastante latente entre nosotros. La idea de viajar no sólo es con la intención de hacer música, sino también empezar a conocer otras alternativas de vida en las cuales no esté tan implicado el consumo excesivo de nuestros recursos”.

Perotá Chingó es la energía natural que se trasmite con la horizontalidad y la potencia de las redes sociales; es la fuerza de la música que une países en un ritmo común. También es la simbiosis de las almas que pueden transformar un momento en una eternidad.

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