Alternativa Verde | La mega minería contada en primera persona
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La mega minería contada en primera persona

Por Silvina Reguera, miembro de la Asamblea que impide que avance la minería a gran escala en su pueblo desde hace 7 años

En Andalagalá (Catamarca), nuestra riqueza es nuestro estigma, nuestra maldición. Nos va mal con la pequeña y la gran minería. Por eso el próximo sábado 22 de julio cumpliremos 400 caminatas ininterrumpidas frenando el proyecto de Agua Rica y denunciando la mega minería ILEGAL.

En pequeña escala se utiliza tradicionalmente la rodocrosita, una piedra semi-preciosa que sólo existe aquí. Se la extrae a socavón y el daño que se le hace al ambiente es mínimo. Tuvimos que hacer denuncias porque la piedra es robada por grandes empresas y los artesanos se han quedado sin material para trabajar, siendo el trabajo en rodocrosita parte de nuestra economía regional.

Por otro lado, tenemos 20 años de Alumbrera. Es el emprendimiento minero más grande del país y usa más de 120 millones de litros de agua por día para el proceso de lixiviación -moledura de roca-. Hablamos del agua más pura del planeta. A ello se suman las explosiones con dinamita, la contaminación en suelo, aire y agua y la fractura social provocada.

La Asamblea junto al Nobel de la Paz, Alfredo Pérez Esquivel

Esta minería no se puede decir que sea amigable con el ambiente y esto es un hecho comprobado en todo el mundo. De hecho estamos hablando de desastres naturales como los hechos en San Juan. Es un mito que pueda ser sustentable para el planeta. Aún así, insisten en abrir Aguas Ricas, que sería tres veces mayor que Alumbrera.

La Asamblea El Algarrobo somos un grupo de vecinos de Andalgalá del que formo parte. Hace 7 años que estamos frenando proyectos mineros porque sabemos el peligro que representan. Esta lucha ha cambiado la cara del pueblo y nuestro modo de vivir. Tenemos que dormir con un ojo abierto  y en permanente alerta por todo lo que ocurre.

Fuimos los que primero que nos plantamos en 2009 en el camino comunal que va a la mina e hicimos un bloqueo permanente. El 15 de febrero de 2010 el gobierno de Eduardo Brizuela del Moral nos mandó a reprimir porque no dejábamos pasar las máquinas. Para ello creó un grupo especial de la policía, el CUNTUR, que nos dio con gases y balas de goma. Al día de hoy no sabemos cómo no hubo muertos. Esa fecha marcó un antes y un después.

Creo que nunca podrán comenzar con ese proyecto. Sería un ecocidio reventar la montaña. Estamos en una zona muy árida del NOA argentino, pegados a la cordillera. Se toma el agua de las vertientes de los ríos periglaciares. Andalgalá se nutre del agua que surge del  cerro del Aconquija que es donde pretenden instalar estos proyectos. Hasta querían en un momento copar el centro de la ciudad porque es donde más concentración de oro hay.

Tenemos varias medidas legales que nos amparan. Por empezar no hay licencia social en Andalgalá lo que impide instalar la mega minería; tenemos un amparo de protección que tardó seis años la Justicia para emitir su fallo. Para que nos escuchara la Corte armamos dos acampes en Plaza Lavalle, Capital Federal. Es la única medida en su tipo en la historia del país. La Corte tuvo que salir a ratificar que los proyectos mineros en Andalgalá son inviables porque afectarían las cuencas altas del río lo que pondría en peligro la vida humana. Éste fue uno de nuestros logros más grandes. Inclusive los concejales armaron una ordenanza en la que se prohíbe la minería en  las altas cuencas.

En Catamarca como en San Juan gobierna el estado minero por eso tienen cooptada a la policía, a la iglesia, a todo. Ellos tienen listas negras con nuestros nombres y han tratado de denostarnos. No lo han logrado. El único objetivo que tenemos es que nos dejen vivir en paz. Estamos pidiendo que se retiren de la montaña y de las oficinas de la ciudad porque no pueden hacer nada ni podrán hacerlo.

Como pueblo nos empoderamos, tomamos las riendas y nos plantamos ante la provincia  como autodeterminados. No somos un pueblo sacrificable. No queremos que nos impongan actividades que destruyan nuestra vida tanto ambiental como social. La lucha sigue más firme que nunca.

 

 



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