Alternativa Verde | Una paragüería porteña de antes del "compre y tire"
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Una paragüería porteña de antes del "compre y tire"

Hace tiempo tenía ganas de contarles la historia de Elías Fernández Pato, un señor de 83 años que tiene un oficio muy particular: es paragüero. Con sus ocho décadas a cuestas, una vitalidad envidiable, sigue yendo cada mañana a su local en el barrio porteño de Boedo a mantener viva una labor que nos lleva a otros tiempos que, aunque no necesariamente mejores, sí tenían algo a rescatar: las cosas no eran de comprar y tirar, se les daba más valor ayudando a cuidar, indirectamente, nuestros recursos y ambiente.

Empecemos por el principio: en período de guerras y hambrunas europeas, el españolísimo Elías era un purrete buscando un lugar donde hacerse un futuro. Así, un tío que vivía en Argentina escribió la carta en que solicitaba que se viniera para acá, a encontrar esa tierra de oportunidades. Después de viajar 18 días en barco, con una valija y muchas esperanzas, se enteró que el tío que se iba a hacer cargo de él, había muerto.

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Por suerte un primo pudo hacerse con su tutela y así la reina del Plata se convirtió en su nuevo hogar, con todas la de la ley. Pronto encontró trabajo en una papelera y, al tiempo, decidió abrirse camino en otro rubro y comenzó a vender paragüas, de manera ambulante. Cada día cargaba en un baulcito sus productos y salía a recorrer Ensenada y Berisso, al grito de “paragüero…”.

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No tardó en hacerse su clientela y ya todos lo conocían y esperaban, ¡hasta un loro de uno de los barrios repetía su voceo! Esos eran tiempos duros pero alegres a su vez, en que Elías aprendió a ser vendedor y, también, a amar los paragüas. Entonces, eran productos hechos en Argentina aunque sus piezas podían venir de diferentes partes del mundo: mangos de madera italianos, telas francesas… los paragüas eran fuertes y resistentes, ¡duraraban décadas!

Al tiempo que Elías pateaba calles ganándose la vida también encontraba el amor: para 1957 se casó con Haydee quien, no es de extrañar, venía de familia de paragüeros. Las señales eran claras: lo suyo estaba en este metié. Así, un día de la primavera del 57, abrió las puertas el primer local de Elías: allí no sólo vendía sino que también ofrecía servicios de composturade paraguas.

Imaginate una ciudad donde había muchos de estos comercios, donde uno sabía que iba a buscar un producto que te iba a acompañar por años. Imaginate que si un viento descarado o un rasguño accidental ponían en peligro la existencia de tu paragüas, recurrías al doctor quien ,con agujas, remaches y amor, ponía todo en orden y te lo dejaba óptimo para capear muchas más tormentas. Imaginate un mundo donde la mayoría de las cosas estaban hechas para durar. Sí, sí, para no pasar de moda. ¿Podés?

Así era el mundo todavía en 1967, cuando Elías trasladó su comercio a la avenida Independencia. En las bambalinas de esa versión de la Paraguería Víctor (así la bautizó en homenaje a su hijo, quien hoy lleva el andamiaje de esta herencia familiar), en ese entonces, las grandes mesas de madera estaban cubiertas de rollos y rollos de tela, de tijeras, de hilos y moldes. Todo en un orden tan pulcro, claro, considerando que se trabaja con muchas pequeñas piezas que tiene que estar siempre accesibles. Era un negocio bien familiar: su cuñado y cuñada así como su esposa daban una mano en el trajín de confeccionar y arreglar.

Pasó el tiempo y los cambios en la manera de producción (con la globalización, la masividad y esas yerbas) repercutieron también en la forma de consumir. Esos y otros pequeños detalles -de la manufactura local a la china, por ejemplo- fueron forzando a que el local de Elías vaya mostrando su cintura ante el nuevo escenario y así también terminó en 1979 recalando en donde lo encontramos hoy: Independencia y Colombres.

Hoy, Paragüerías Víctor es de esos rincones de Buenos Aires que guarda un aire entrañable a un tiempo más tranquilo y de charlas más relajadas mostrador mediante, a comercio donde te atienden sin prisas y con una sonrisa. Lugar donde -aunque ya no vendan piezas made in Argentina- aún recalan pedidos de arreglos de paragüas que el mismo Elías confeccionó algunas décadas atrás, cuando uno se llevaba algo que iba a permanecer por muuuucho tiempo.

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Les recomiendo, si están por Buenos Aires, visitar el local de Elías donde las vitrinas exhiben paraguas, sombrillas, abanicos y bastones, y donde se lo pueden encontrar a él cualquier mañana, con su figura alta y erguida, su acento gallego como si recién bajara del barco y sus mil historias de una ciudad distinta y querible. Elías, que remata “para aprender a arregla un paragüas hay que romper varios primero”, un emblema de la hermosa sabiduría de los más grandes y de la alegría de vivir sin importar los años.

Les dejo un video de una entrevista a Elías en la que tuve el gusto de participar, pueden hacer click acá

Visiten su web en http://www.paragueriavictor.com.ar/

3 Comentarios
  • Amalia
    Publicado 11:33h, 28 septiembre Responder

    Necesito la direccion de la paragueria porque yo se ir pero debo darle los datos a una amiga.

    Desde ya gracias mil

  • Marta Pizzo
    Publicado 16:14h, 10 agosto Responder

    Gracias por la nota. Mi viejo era paraguero y yo viví toda mi infancia y adolescencia en su taller. Hay un poema que escribí una vez para él que se llama Humberto, el paraguero. Hermosos recuerdos…

  • Jorge
    Publicado 18:39h, 10 agosto Responder

    Buenas tardes si el local queda en av. Independencia y Colombres, el lugar te atrae como imán, pero los precios te alejan como una factura de gas…

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