8 cosas que un eco loco no puede hacer sin sentir culpa

😛 – empecé a reconocer  que hay ciertas cosas que ya no puedo hacer. No al menos sin sentir una gran culpa si se que no están hechas correctamente. Se las comparto y, tal vez, consiga un poco de apoyo moral de su parte:

1. Hacerse baños de inmersión

¿Realmente pretenden que llene una bañadera con decenas de litros de agua sólo para relajar mi cuerpecito? ¿Cómo mi conciencia puede soportar el sonidito del agua cayendo y cayendo hasta que se llene la tina? ¡Es mucho para mi! Adoraría meterme a descansar rodeada de la tibieza líquida y llena de vapores aromáticos pero no, es demasiado pedir. Ya bastante mal me siento con no ser capaz de ducharme en menos tiempo.

(Se aplica la misma sensación de eco locura a ver películas en las que sabés que para hacer  tal escena la lluvia tiraron agua sólo para eso y similares. Eso me pone muy mal.)

2. Usar utensilios desechables

Ésa bendita costumbre de chantarte vasos, cubiertos, platos… ¡todo desechable! Lo sé, si viniera todos los días con la comida de casa al trabajo no me pasaría pero a veces no se puede.  O sí, pero después vas a tomar un cafecito y te mandan el vasito de telgopor, la cucharita de plástico…¡¿pero qué necesidad de usar tanta cosa que enseguida se vuelve basura? Se solucionaría tan fácil: volver a la vajilla de loza cuando se pueda, que el vendedor pregunte si el cliente necesita los cubiertos de plástico, hacer descuentos a quienes vayan a buscar su comida a la rotisería con tupper, hacer proliferar la separación en origen de los resiudos…

Por todo esto, cuando no me queda más que aceptar lo desechable me comprometo a limpiarlo y llevarlo en mi bolso hasta donde se que, al menos, puede ser llevado a reciclar.

3. Comprar cosas con mucho packaging

Lo sabemos: ante la falta de originalidad en el producto en sí o frente a mucha competencia en un mismo rubro, los “genios” del marketing apelan al inefable packaging que cuanto más grande, más colorido, más llamativo, ¡tanto mejor! Adentro de esa caja -puro cartón y plástico usado por demás- está eso que, tal vez de haberlo visto a secas y sin emperifollarse, no habrías comprado. Pero vamos que si luce tan lindo por fuera es que tiene que ser asombroso por dentro, ¿no? ¡No!

Me crispa mucho que no nos enseñen a ser consumidores responsables ni a pensar antes de elegir esta o aquella cosa en la góndola. Es feo pensar que medimos nuestra felicidad basados en nuestra posibilidad de consumir más o menos. No me gusta que a los chicos se los bombardee con publicidad ni que se los llenen de regalos hasta el punto que tengan más cosas que recuerdos con las personas.

Un cereal en caja es lo mismo que uno sólo en bolsita, un juguete no será más importante para un niño si viene en un envoltorio descomunal. No se debe juzgar al libro por su tapa. Comprar cosas que tienen más desperdicio de lo necesario no es negocio, por muy lindas que luzcan. Intentemos no caer en la trampa.

4. Usar bolsas plásticas

Indefectiblemente alguna vez pasará que no podrás rechazar la bolsa en la que te dan la comida (o porque no te escuchan, o porque insisten o porque pedirles que no lo hagan se complicó.) No me digas que cuando te vas con esa bolsita en la mano no sentís un poco de remordimiento. A mi me pasa siempre.

5. Usar herbicidas químicos en la huerta

Aja, ok. Son más efectivos y prácticos en un punto. Venimos usándolos hace décadas. Muy lindo todo pero una vez que sabés que no son la mejor ni la única opción para erradicar eso que afecta a tus plantas, ya no podés rociar ningún herbicida ni un aerosol antibichos sin que tu conciencia te reclame un poquito. ¡Levante la mano al que le pasó!

6. Desperdiciar comida

Ya es sabido que derrochar comida está mal. Hay quienes no tienen para comer. Cuesta plata. El eco loco a todo esto les suma que entiende que, además también, la producción de una fruta, verdura y hasta un trozo de carne (perdonen los vegetarianos) implicó un huella de agua, es decir un porcentaje de líquido para crecer- así como una buena cuota de energía (sea fósil para el transporte o eléctrica para su proceso y conservación), sólo por mencionar algunos datos. Todo eso que implicó que llegue a nuestra mesa, termina en la basura. Mucho tiempo y energía en algo que, finalmente, no se aprovechó. Otro pinchazo en el alma siempre sensibilizada de la sustentaholic (es buena esta palabra, creo que la acabo de inventar, ¡mejor la patento! jajaja.)

7. Ver árboles mal podados

Hola, sí. A usted señor podador que no está tan bien instruído. ¡Téngame cuidado con el árbol! ¡Es un ser vivo, pucha digo! No me lo rasure como si tal cosa, sepa que una mala podada puede matarlo. Sepa que sufre, que un corte mal hecho lastima su corteza y se puede enfermar. Sepa que un recortecito aquí y allá está bien pero eso de dejar las ramas a cero es un crimen. Y no me importa si el vecino de la cuadra se queja, usted fíjese bien que por llevarle el apunte no me esté matando a la criatura verdolaga. He dicho. Gracias.

(En estos y otros casos que involucran maltrato hacia el reino natural todo, la vergüenza que siento es ajena y por cierta porción de la raza humana, claro.)

8. Ver basura tirada en el piso

Tengo antecedentes y me hago cargo. Cuando estaba en sexto grado, salí de excursión y, al ver basura en el piso, conseguí una bolsa y un palo y me la puse a levantar. Ya más grandecita, un día me indignó ver tantas colillas tiradas en la playa y me puse a levantarlas con una amiga. Así que sí, tengo antecedentes de ponerme mal por ver basura tirada en el piso y eso no ha cambiado. Lamentablemente, tampoco lo ha hecho la costumbre de algunos ciudadanos de no saber poner los residuos en donde se debe. Y no poder recoger esa basura, me da un poco de culpa.

En fin, no crean por todo esto que una vive infeliz, sino todo lo contrario. Espero este blog sea otra bandera más agitándose en favor de hacer las cosas amando al planeta y respetándolo. Porque el planeta somos todos y cada vez que obramos bien estamos levantando la bandera verde en favor de un mundo más sano.