Película ecológica recomendada: El Lorax

Imagínense el futuro sin árboles. Figúrense un paisaje sin verde natural alguno, sólo edificio, tras edificio, tras edificio. Imagínense que el aire limpio ya no lo da ningún árbol sino una máquina que cobra dinero por trocar el dióxido de carbono en oxígeno. ¿Qué tal pensar que sólo quede una semilla de árbol en todo el planeta para hacer resurgir los bosques? Parece un escenario demasiado catastrófico y lejano, ¿no? Pero es exactamente lo que pasa en la película de El Lorax, basada en el libro de Dr. Zeuss.

Hace un par de semanas la estaban dando por el cable y me llamó mucho la atención lo colorido de estos dibujos. No pasaron muchos minutos de historia hasta que entendí que giraba en torno a una cuestión ecológica: en un futuro no tan lejano Ted, un chico como cualquiera, se enamora de Audrey, su vecina. Ella le cuenta que tiempo atrás, en esa misma ciudad, existían estas criaturas bellas llamadas árboles. Él, con tal de impresionarla, comienza a averiguar dónde se puede conseguir algún especimen para sembrar. Así se entera, por intermedio de su abuela, de que la última semilla existente de trúfula la tiene un señor llamado ” El-Una-Vez” que vive exiliado, muros afuera.

Ted debe hacer de todo para poder salir de la ciudad e ir al encuentro de este misterioso hombre porque parece ser que el señor más poderoso del lugar no quiere que nadie se acerque a “El-una-vez” y, mucho menos, que le hable. Hay un pasado -y alguna información- que el poderoso no quiere que se sepa aunque Ted, a base de visitas y perseverancia, logrará desentrañar.

“El una vez” recibe a Ted y le va contando de a poco cómo cuando era joven pasó de ser un granjero -a quien su familia  menospreciaba- a  ser un empresario existoso. Claro, lo triste del tema es que logró su fortuna a base de destruir un hermoso bosque, del cual sacó todo su materia prima hasta hacerlo desaparecer.

Su codicia y ambición llevaron a “El Una vez” a destruir todo, aún cuando la primera vez que taló un árbol hizo aparecer a El Lórax, ¡nada menos que el guardián del bosque! Esta criatura bigotuda se encargó de avisarle que no podía entrar así nomás a un oasis verde y tomarlo como propio, usar sus recursos como si fueran inagotables y alterar el ritmo de los habitantes del lugar. El Lórax le contó todo esto pero “El Una Vez” no escuchó. No tuvo reparos en hacer primar sus intereses sobre el bienestar  de los ositos, peces, aves y animalitos. ¿Te suena familiar esto?

Así fue como el hogar de Ted se quedó sin árboles mucho antes que él naciera. Fue gracias al egoísmo de “El Una vez”, que destruyó el bosque, e hizo que el Lórax y todos sus amigos animales tengan que exiliarse, y a otro hombre ambicioso que vio que los árboles purificaban el aire “gratis” y decidió hacer un negocio: eliminar  a los primeros para poner en su lugar purificadores artificiales en una ciudad contaminada.

El film cuenta todas las aventuras que debe pasar este chico para hacerse de esa última semilla de trúfula, sembrarla y hacer que su lugar en el mundo vuelva a tener vida natural, aire puro y ¡mucho, mucho color!

Por suerte, gracias al amor que él siente por su vecina y la fascinación que tiene ella por esos árboles -que nunca conoció-, esta situación empezará a revertirse. Como bien le dice el “Había Una Vez” a Ted: “a menos que alguien como tú se interese de verdad, nada va a mejorar… Jamás“.

Así que no me queda más que recomendarles esta linda peli con mensaje ecológico. ¡Véanla y me cuentan!