Ecoladrillos: el recurso sustentable para construir a base de residuos

Me pasa la misma historia con todos los residuos: no me doy cuenta de la cantidad de plástico en forma de bolsas y envoltorios que consumo a diario hasta que, en vez de dejarlos en la basura a que el mundo lidie con sus consecuencias, los empiezo a acumular aparte para luego llevarlos a algún lugar donde se reciclen adecuadamente (en Buenos Aires, por ejemplo, el Centro Verde Móvil los recibe).

Un par de meses atrás decidí dejar de desechar bolsas y packaging de galletitas, fideos, separadores de tapas de empanadas y similares, envoltorios de sopas, etc. Demasiado pronto, junto a la pila habitual de plásticos, vidrios y papeles que llevo semanalmente al container de reciclables, comenzó a crecer el bulto de esta clase de plásticos. Frente al hecho tangible del volumen que iba creciendo frente a mis narices, tomé (aún más) conciencia de cuántos de estos materiales utilizamos sin valorar siquiera. Usamos y tiramos sin percatarnos de que estos plásticos provienen de derivados del petróleo, uno de nuestros recursos naturales que más pronto se nos está agotando y en el que, paradójicamente, descansa el funcionamiento de todo nuestro sistema.

Venía escuchando hablar de los ecoladrillos pero no se me había ocurrido hacerlos yo misma hasta que experimenté esto de las bolsas acaparando espacio en el patio hasta llegar a su destino reciclable final. Así fue que hace 7 días empecé mi primer ecoladrillo. Todo lo que se necesita es una botella de agua mineral, jugo o gaseosa, limpia y escurrida para que no quede humedad dentro.

Después, es sólo empezar a poner dentro de la botella las bolsas de nylon, los celofanes, los papeles muy plastificados. Vas a tener que ayudarte con una varilla para irlos empujando dentro. La idea es que el “relleno” quede bien compacto, de manera que el ecoladrillo sea realmente fuerte y resistente. Plumavit (es la bolita de telgopor, por nombrarla ordinariamente) y papel aluminio también pueden usarse.

A mi misma me sorprendió notar cómo la botella se vuelve realmente fuerte al ser rellenada y con cuánta facilidad los desechos que necesitamos para este ladrillo se multiplican a nuestro alrededor. Por ejemplo, el otro día me traje los envoltorios de unos bocados dulces que me dieron con un café y, después, el envoltorio de un alfajor de maicena y todo fue a parar a esta nueva manera de reutilizar y reducir residuos. Si no lo hiciera, esos plásticos irían a un relleno sanitario o basural a cielo abierto, pudiendo ser llevados por el viento hasta un curso de agua o un campo, donde tardaría unas largas décadas en descomponerse y desaparecer (en el mejor de los casos).

Un dato importante: nada de lo que metas dentro de la botella tiene que estar húmedo o mojado. ¡Cuidado! ¡Las pilas no sirven para este trabajo!

Tu ecoladrillo estará listo cuando ya no quepa nada más dentro, entonces es momento de taparlo y ¡listo! Ahora sólo resta llevarlos a donde acepten estos nuevos recursos que servirán levantar muros y hacer desde invernaderos hasta casas. Es más, si estás pensando en construir algo en el fondo de tu patio, por qué no recurrir a esta alternativa ecológica y al alcance de todos,  ¿no?

Por supuesto, reducir también es la clave: usar botellas retornables para las gaseosas y consumir más jugos naturales que gaseosas; usar bolsas de tela o changos de compras; cocinar más casero; todo ayuda a no generar tantos desechos. Pero cuando eso no sea posible, hacerse cargo de nuestros propios residuos hace el resto.

Consejo de amigo: si tenés hijos, es una linda actividad que crea mucha conciencia. Sea como sea, ¡animate a los ecoladrillos! ¡es una linda manera de ayudar al planeta!