Alternativa Verde | Guía de pequeños hábitos para una vida eco
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Guía de pequeños hábitos para una vida eco

Bea Johnson, y soy muy crítica de cuánto me falta para que mi huella sea casi nula, también es cierto que comparada con el ciudadano promedio, muchos considerarían que soy una ecologista extrema. Les comparto alguno de esos micro hábitos que no requieren mayores esfuerzos y que, si no los adoptaste ya, pueden integrar tu rutina sustentable y dar una gran mano para cuidar nuestro planeta.

Recursos

Los tips básicos para ahorrar agua obvio que los sabés: cerrar el grifo y no dejar correr agua de más es clave. Al lavarte los dientes, al bañarte, al lavar los platos, al lavar el coche. Se que lo sabés. Mis aliados en este ámbito son: Que la mayor parte del agua de riego para mis plantas sea recuperada: juntar en recipientes el agua que quede de, por ejemplo, lavar las verduras o de hervir los huevos y almacenarla en tu regadera/bidón para las plantas (y para limpiar los pisos). Si te sobra agua del termo de los mates, dejala enfriar y usala.

No ser maniático con lavar ropa cuando no es necesario también ayuda a evitar ciclos de lavarropas: no todo tiene que ser lavado con pocos usos. Estirar el tiempo en que se lavan toallones, sábanas y demás ítems es clave. Y poner cargas completas también es importante para no gastar agua ni energía de más. Siguiendo con el tema de la ropa, creo habérselos contado más de una vez: hace ya más de dos años que no plancho salvo algo que lo requiera muy ocasionalmente. Tal vez ustedes digan que tengo suerte porque no tengo hijos ni pareja que use uniformes o traje y demás. Puede ser. Pero te invito a planteártelo realmente, ¿cuánta de la ropa que planchás necesita realmente ser planchada? Pensá en la energía que ahorrarías si salieras del fundamentalismo de que nada debe tener arrugas. Te tiro un dato:  una plancha consume en promedio 1000 vatios de energía por hora, el equivalente a 10 televisores encendidos. Pensá en el tiempo que podrías dedicar a otra cosa. Pensalo nomás.

Comida y residuos

Siguiendo en esta línea: ¿cuántas cosas nos han hecho pensar que son imprescindibles y no lo son? Se me ocurren unas cuantas pero creo que de las más nocivas para el medio ambiente tenemos que mencionar a la vajilla descartable.

En pos de una supuesta simplificación de nuestras vidas, venimos inundando de plástico toda la naturaleza que nos rodea. Mi forma de contrarrestarlo: como la mayoría de las veces no llevo comida casera a la oficina y tengo que salir a comprar a un local de comida por peso, siempre tengo mi bandeja reutilizada para no tener que usar una nueva. Al igual que los cubiertos. Una vez que los uso, los lavo bien y los vuelvo a dejar en mi cajón para que, cuando vuelva a ir de compras, estén listos para ser reutilizados.

Lo ideal, claro está, es no usar nada descartable pero si te ves en la necesidad de hacerlo está bueno saber que podés llevar tu propio recipiente, rechazar la bolsa plástica y también evitar llevar cubiertos nuevos. Parece poca cosa pero créeme que así se evita generar residuos además, una vez que es inevitable deshacerse de ellos, deben mandarse a reciclar. Los vasos plásticos en la oficina no tienen que ser una opción: hay que desactivar el chip de usar/tirar. Es fácil: teniendo tu propia taza o vaso para servirte agua, te o café es tan fácil que no hay discusión aquí. Si estás en un consultorio, digamos, y te entró una sed colosal, no hace falta que te sacrifiques pero lo que sí es necesario es que te encargues de llevar ese vaso hasta un lugar donde pueda ponerse a reciclar.

El problema del plástico es que no sólo está en la vajilla sino en los envoltorios de la comida misma. En Nueva York se estima que un niño promedio que lleva un almuerzo descartable a la escuela genera unos 30 kilogramos de basura por año escolar. Recordá por un momento cuántos de los últimos alimentos que consumiste vinieron envueltos de esta forma. ¿Qué tan lejos estaremos nosotros de esta cifra? ¿Tomás bebidas azucaradas a diario? ¿Comprás galletitas, yogures o jugos semanalmente? ¿En qué packaging viene tu comida? La clave es fácil: cuanto más biodegradable sea lo que rodea tu almuerzo, merienda o cena, seguro sea más sano tanto para vos como para el planeta. Otro tema asociado al arte de comer son las servilletas descartables y los rollos de papel de cocina. Totalmente sobrevalorados. Dos ítems que, poco a poco, fueron desapareciendo de mi cotidianeidad. Elegir las de tela es la que va. Si me querés correr con que usar reusables gasta agua y eso también daña al ambiente te diré sólo estos, según Tree Hugher en el curso de un año las lavarías un promedio de 50 veces, durante el mismo plazo tirarías a la basura 350 de las de papel. El cálculo da que las emisiones de carbono siguen siendo favorable (5 gramos) para las primeras (sean de lino o algodón) contra las otras (10 gramos). En una escala más grande, como la de un comedor donde almuerzan 112 alumnos cada día, optar por las reutilizables ahorraría 35.000 servilletas por año pero el lavado de las de tela no sería tan beneficioso en cuanto gasto de agua, desgaste y uso de blanqueadores. Como yo no soy un restaurante ¡aguanten las servilletas de tela! Y para sustituir a los rollos de cocina, volvamos a guardar los papeles en que viene nuestra comida (facturas, alguna comida que compremos hecha, etc) y reutilicémoslos como papel absorbente. Para alimentarse nada mejor que elegir productos que sean realmente alimento nutritivo para el cuerpo. Es decir, cuanto más compremos la materia prima natural, mejor. Cuanto más cerca del productor nos llegue el alimento, más seguro será. Por eso desde Alternativa creamos el Mercado donde encontrás vos (pero también nosotros) buena parte de los productos que necesitamos día a día. El desperdicio de comida es solucionable: ¡comprar a conciencia! Si consumís realmente lo que consumirás y sos ordenado en no dejar que las sobras se pudran al fondo de un estante de la heladera, ya estamos a mitad del buen camino. Si parte de lo que queda como desecho orgánico va a compostarse.

Hogar y segunda mano

El depto donde vivo vino con muchas cosas de herencia. Parte de ellas han quedado como adornos, refuncionalizados y otros bueno, no. También hay muchas cosas que me traje de lo de mamá y para mi son pequeños retazos de historia familiar. Mezclados con algunos implementos nuevos y otros rescatados de la basura, la decoración podría bien llamarse sustentable. Además, las últimas adquisiciones son de segunda mano: sillón, compu y hasta mi celu. Para comprar de segunda mano las redes sociales me son muy útiles: soy una gran cazadora de oportunidades on line Mi consejo aquí también es no acumular. Que todo lo que se guarde tenga un propósito, lo que no sirva se ponga a reciclar de ser posible, se reutilice o se tire. Que la decoración cada tanto se reacomode, al igual que la distribución de los muebles. Todo esto permite que la energía no se estanque y que los espacios que habitamos sean más armoniosos, estimulantes y también relajantes cuando sea necesario.

Tener plantas para limpiar el aire, alegrar y acompañarnos también me resulta indispensable.

Escalera vieja hecha estantería + adornos de objetos heredados.

Coladores viejos + mantel de restaurante colgado.

Moda

Estoy muy conforme conmigo misma porque, al ordenar el placard, se que 90% de lo que tengo fue usado varias veces este año. Para que eso pase, tuve que ir, poco a poco, desprendiéndome de todo eso que guardaba por las dudas y que, la verdad, es que hacía varios años ni me entraba. Lo que ya no usaba, lo puse a donar. Es la mejor forma de no acumular cosas innecesarias y tener todo a mano y práctico. Estados Unidos apenas 15% de la ropa usada llega a ser donada o reciclada. El resto, cerca de  10.5 millones de toneladas al año van al relleno sanitario. La próxima vez que compres una ropa, plantéatelo: ¿lo usaré al menos 30 veces?  Desde chica siempre me gustó usar cosas heredadas porque me genera un encanto particular el pasado atrapado en unaa ropa, cartera o accesorio que haya sido de mi mamá, mi abuela o mi tía. Por eso, ¡viva lo usado! Siento que el espíritu de antaño vuelve a mí usando un pañuelo de mi abu, una cartera de los 70 o una pollera hecha por un sastre. Otra buena forma de ponerle el toque eco al guardarropa es hacer durar las cosas.

Usando el pañuelo de mi abuela

Éstas son mis claves para un vestuario sustentable: criterio al comprar, evitar atiborrar el placard, apostar una buena fracción a lo usado y hacer durar las cosas.

Otra gran pregunta que intento responderme al comprar ropa es la siguiente:

Baño

Ya quisiera tener mi propio baño compost pero, mientras no pueda, sí hay pequeños grandes pasos que he dado para que lo relacionado a higiene también tenga una impronta positiva en el ambiente. La primera que les mencionaré –y de la que les conté antes- es haber empezado a usar la copita menstrual. Los apósitos que las mujeres arrojamos, solamente en Argentina, representan 132000 toneladas de basura que no se biodegrada. Por un montón de razones usar Maggacup me resulta no sólo práctico y placentero sino que me siento muy bien sabiendo que ni mi cuerpo está expuesto, durante mi período, a elementos que pueden resultar tóxicos sino que, además, no estoy generando residuos tóxicos al planeta.

Incorporé los champús y crema de enjuague naturales (no tienen ningún agregado químico ni derivados del petróleo) hace poco tiempo. También la pasta dental de arcilla, limón y menta. Como estamos tan habituados a las líneas comerciales, las sensaciones con estos productos son distintas. Los resultados son muy buenos. De hecho desde que uso el champú natural, el pelo realmente se me engrasa muchísimo menos y el lavado me dura más. La contra es que reseca un poco, por eso lo alterno con el común y santo remedio En la oficina, encontré una buena manera de evitar usar las toallas de papel y es tener una propia de algodón colgadita en el costado de mi escritorio. Entonces cuando me lavo las manos, ya no uso algo que puede ser fácilmente reemplazado. Me pone muy contenta decir que en cosmética no gasto casi nada, lo cual significa que tampoco redunda en basura extra. El último limpiador facial me duró un añito, el otro día puse a reciclar su envase. Me estaría faltando reemplazar el algodón por los discos de tela de algodón reutilizables y ya estaría aún más encaminada.

Últimas ideas que a mi me gratifica poner en práctica: cuando hay que regalar algo, elegir cosas útiles para el agasajado y no pavadas que se que pronto perderá actualidad. Al momento de elegir dónde comprarlo, apostar por emprendedores y marcas que tengan los mismos criterios que uno. Por último, nunca hay que dejar de desafiarse a uno mismo. Informarse, cuestionarse, pensar más allá de la caja, reflexionar: ¿qué hábito puedo mejorar? ¿dónde puedo aportar una diferencia? Y dar el paso. Cada elección hacia la sustentabilidad suma, siempre. ¡No lo dudes ni por un momento! ¡Y ponele en acción!

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