22 Mar Día mundial del agua: pensando el cambio
agua es uno de ellos.
El que quiera ponerme de muy mal humor sólo tiene que dejar correr el agua sin cesar y listo. Una canilla, una manguera, un depósito de baño que no cierre, un caño roto que nadie se digne a mandar arreglar en la calle… Pero el súmun para mi son los encargados de edificios y su horrible, nefasto y saca de quicios berretín de lavar las veredas cada mañana. Eso me violenta. ¡ME PONE LOCA! (sí, más loca es posible, si eso estás pensando).
Por suerte, el año pasado surgió el súper héroe que siempre soñé: Guaterman, el hombre que vino a concientizar encargados de edificio de que, al menos sino van a dejar de usar agua, que lo hagan con criterio utilizando la pistola que regula su uso. Creo que ahora Guaterman no está en actividad pero un día de estos le pido el traje y salgo yo y ahí sí, no se salvan los ciudadanos que limpian sus coches usando agua a mansalva ni los que riegan su pedazo de césped de 4×4 el día después que llovió. Ya les digo, el temita del agua me vuelve la Increíble Hulk, un poco (y yo no soy de exagerar la la la).
Por eso y porque ya el año pasado me explayé muy apropiadamente sobre mis opiniones al respecto en este post, este año preferí darle -aunque breve- el espacio a alguien que sabe, vive -y también sufre- el agua. Se trata de Claudio Campagna, autor del libro “El hombre que piensa el agua”, médico y biólogo. Él lo dice mejor y nos ayuda a poner el foco de una manera distinta.
Que haya un día del agua indica que algo importante está sucediendo, me parece. Si hubiese un día del hombre enfermo, por ejemplo, diríamos que algo importante le pasa al ser humano ¿no?. También lo diríamos si hubiera una día del hombre sano… ¿Y què es lo que está sucediendo? Simple: se está tratando de establecer el mesaje que el agua no tiene que ser vista como un beneficio asegurado. El agua no es “dada”, como tampoco lo es la salud, ni la vida, claro. La Argentina tiene y no tiene agua; los que no tienen saben de lo que estoy hablando cuando digo que algo sucede con el agua, los que tienen saben menos. Es bien posible que en el mundo haya tanta agua “arruinada” (por contaminación, por ejemplo) como agua “ausente”. Entre ambos extremos se construye la crisis. El día del agua no alcanza para resolverla. Si, en vez, existiera el día del hombre que vive armónicamente con su ambiente, nos ahorraríamos muchos recordatorios como el que hoy concierne al agua. ¿Qué hacer? Desde que pienso el agua, no hice casi nada en lo cotidiano que no haya ya hecho antes… porque “mi” agua es el mar. Mi objetivo es crear áreas marinas protegidas para el beneficio de las especies y los ambientes marinos. En el día del agua propongo pensar en el mar, una alternativa al interés personal. El ser humano entiende el agua que toma, con suerte. Entiende menos el agua que ingiere con los alimentos, y que gasta la agricultura, y no entiende al mar como “agua”, creo. Propongo entonces expandir las fronteras de la palabra hasta abarcar el mar.Los invito a que si pueden vean el documental francés La Sed del mundo que, tanto como el libro “La historia de las cosas”, nos ayuda a pensar también en la huella hídrica de cada producto que consumimos y cómo si este factor se transladara al precio final de los mismos todo se encarecería de una manera superlativa. Digo, el país productor primario de algodón, arroz, café (para que vos y yo nos tomemos sólo una taza de café hubo que usar en todo el proceso 136 litros de agua: ¡sólo una taza!) pone sus recursos, suelo y claro líquido vital, y lo vende sin cargar ese gasto irreparable. El país -cúando no tercer mundista- se queda con los problemas y nadie lo compensa por lo que ya no recuperará. Increíble, ¿no?
