Alternativa Verde | Cuidar al medio ambiente, la cuenta pendiente de Argentina
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Cuidar al medio ambiente, la cuenta pendiente de Argentina

Cada Día del Medio Ambiente que pasa me planteo cuál es la mejor manera de expresar la importancia que tiene una fecha así. Para mi es algo obvio y por eso caigo en el error de creer que todos entendemos lo mismo y, por tanto, estamos de acuerdo en que tenemos que hacer algo para mejorar la crítica situación del planeta. Esto no es así y no todos tenemos las mismas prioridades, por eso este año elegí partir desde lo básico: entender de qué hablamos cuando hablamos de medio ambiente.

Este concepto abarca mucho y es un poco lejano y abstracto. Tal vez eso haga pensar a algunos que no tienen responsabilidad ni injerencia sobre el “medio ambiente”. No estaría del todo errado pensar que “medio ambiente” es la franja del mundo natural que transcurre en paralelo a nuestra realidad. O que es lo que la mano del hombre dejó seguir a su propio ritmo. O quizás aún aquello hacia donde viajamos cuando podemos pero donde nuestras acciones de cada día no afectan o alteran.

Los humanos siempre fuimos parte del medio ambiente y vivimos gracias a lo que éste nos proveyó, sólo que este hecho se nos fue olvidando. Nos convertimos en tantos millones de seres y ampliamos de tal forma las actividades que facilitan nuestra vida que hace mucho tiempo dejó de ser posible que lo natural tuviera su espacio y pudiera mantener su equilibrio sin que las personas hiciéramos (mucho) lío.

Medio ambiente es toda la gloriosa naturaleza que nos rodea y en esta nota haremos un repaso por cuál es su estado en el territorio argentino. Así podremos entender cómo afectamos su salud y vitalidad y, al hacerlo, pusimos en riesgo su subsistencia y desarrollo y el de todos nosotros. Nos basaremos en el Informe sobre el Estado del Ambiente que publicó el Ministerio de Ambiente de la Nación del que se desprenden muchos datos interesantes.

Tengamos en cuenta que como país aportamos 0,7% de los gases que generan el cambio climático a nivel global. Los sectores que más emiten esos gases son el agro y deforestación (44 %), la energía (27 %), el transporte (13 %), la industria (12 %), los residuos (4 %). Si redefiniéramos estas actividades en base a un paradigma no contaminante y eficiente podríamos hacer mucho bien a todo mundo (literal).

Respecto de un recurso clave como el agua se estima que sólo 12 % de las aguas residuales son tratadas antes de su vuelco a cuerpos de agua (se relevaron 9 provincias). Los altos grados de contaminación en cursos como la Cuenca Matanza-Riachuelo y el Río Reconquista, los reclamos de los pobladores de la zona del Acuífero Guaraní, la defensa del río Santa Cruz, último de origen glaciar que corre libre,  frente a la construcción de las represas o el derrame de cianuro de la empresa minera Barrick Gold que envenenó al menos 5 ríos que nacen en San Juan, son sólo muestras de una problemática amplísima que deja a las claras lo lejos que estamos de cuidar siquiera aquel elemento sin el cual la vida no es posible.

La plataforma continental argentina es una de las regiones marinas más productivas a nivel mundial. Argentina cuenta con 63 áreas protegidas costero marinas. Existen planes de conservación como el Pampa Azul, “que apunta a obtener más conocimiento sobre los recursos del Mar Argentino; y el duplicamiento de la superficie de las área nacionales protegidas”. El Ministerio apunta a que funcione un Sistema Nacional de Áreas Marinas Protegidas que abarque para el año 2020 el 10 % del Mar Argentino bajo algún esquema de protección.

Mientras tanto no hay que olvidar que a nivel mundial “30% de la población mundial de peces está sobrexplotada y más del 50% se explota a su máximo potencial. Los hábitats costeros están sometidos a gran presión y se calcula que los desechos plásticos causan la muerte cada año de hasta 1 millón de aves marinas, 100.000 mamíferos marinos e innumerables peces.

Es tan alarmante el estado de los mares que desde hoy 5 de junio y hasta el 9, las Naciones Unidas organizarán una gran conferencia con miras a reactivar las iniciativas para promover la sostenibilidad de los océanos.

Si hablamos del aire que respiramos, el Informe de Ambiente encontró que “la mayoría de las ciudades argentinas no cuenta con monitoreos continuos de calidad de aire. En virtud de ello se inició la conformación de la Red Federal de Monitoreo Ambiental, para integrar estaciones de monitoreo de agua, aire y suelo”.

De nuestro suelo, 106 millones de hectáreas están afectadas por diferentes procesos de erosión. Hay casos como la ganadería regenerativa en marcha y dicen que “a través del Observatorio Nacional de la Degradación de Tierras y Desertificación se busca alcanzar la neutralidad de la degradación de las tierras” más lo cierto es que mientras estas propuestas toman la escala necesaria, los suelos pierden su riqueza, cualidad biológica que llevó siglos tener.

Esto sin contar que los nutrientes que se exportan en cada tonelada de alimento producido también diezma la calidad de nuestra tierra así como el método de producción del agro lo contamina al tiempo que nos pone en riesgo. Si consideramos que de una superficie terrestre total de 280 millones de hectáreas, 35 millones se encuentran cultivadas, el problema al que nos referimos no es menor.

Una vez más, existen casos de producción agropecuaria sostenible pero para que marquen la diferencia debemos apoyarlos y acelerarlos. En esto, los consumidores no podemos mirar para otro lado y los gobernantes tampoco deberían hacerlo.

En Argentina 27.290.000 hectáreas son bosques nativos. Entre 1998 y 2015 se perdieron 4.150.000 hectáreas por deforestación. El Informe se ufana de que en 2016 la deforestación se redujo un 16 % en relación a 2015 pero al mismo tiempo, en Córdoba el gobierno provincial está viendo cómo volver las leyes más laxas para permitir que se deforeste en zonas hoy protegidas. La misma provincia que ha sufrido recientemente inundaciones sin igual causadas por el avance de la frontera agropecuaria en desmedro de los ecosistemas nativos.

Otra cara del mismo problema: los incendios. Con períodos de sequía más frecuentes y falta de nieve en los inviernos –causa del cambio climático- se intensifican las probabilidades de que se inicien focos que destruyan todo a su paso. ¿Estamos preparados para este otro peligro?

Alrededor del 23 % del territorio de nuestro país está cubierto por humedales. Se trata de uno de los ecosistemas más degradados y amenazados. Asimismo, 5,6 millones de hectáreas de humedales están catalogadas como de importancia internacional (sitios RAMSAR). Por este motivo, se inició la elaboración del Inventario Nacional de Humedales.

La Antártida es una de las regiones del planeta más sensibles al cambio climático. Allí el aumento de temperatura fue más pronunciado en los últimos 50 años. Durante la campaña antártica del verano de 2015-2016 se realizaron 47 proyectos científicos, con la participación de 196 investigadores nacionales y del exterior.

Nuestro país está dividido en 18 ecorregiones (15 continentales, dos marinas y una en la Antártida): Altos Andes; Puna; Monte de Sierras y Bolsones, Selva de las Yungas; Chaco Seco; Chaco Húmedo; Selva Paranaense; Esteros del Iberá; Campos y Malezales; Delta del Paraná; Espinal; Pampa; Monte de Llanuras y Mesetas; Estepa Patagónica; Bosques Patagónicos; Islas del Atlántico Sur; Mar Argentino y Antártida. Ocho de las 18 ecorregiones son consideradas de muy alta prioridad para la conservación: Pampa, Chaco Seco, Yungas, Deltas e Islas del Paraná, Selva Paranaense, Puna y Bosques Patagónicos.

Una forma de protegerlas es declararlas áreas protegidas. Por eso ya se nombraron 437 bajo esta denominación. Con esto se ampara 11,9 % de la superficie terrestre y el 4,9 % de la superficie marina. Las más nuevas son Rincón e Islas de los Estados y Parque Nacional El Impenetrable. Antes que medidas paliativas como éstas preferiría que los humanos respetáramos nuestro entorno y a sus habitantes sin que tuviera que haber un guardaparques mirándonos pero mientras esto ocurre hay pocas opciones a las que echar mano.
Para cuidar la biodiversidad que habita en ellas se lanzó el Programa Extinción Cero, que busca conservar 6 especies nativas en estado crítico; y la Estrategia Nacional sobre la Biodiversidad 2015-2020. Lo cierto es que por ahora sólo se trata de buenas intenciones de parte del Ministerio de Ambiente, universidades, ONGs y demás actores pero no cuenta siquiera con presupuesto.

El mismo Ministro de Ambiente, Sergio Bergman, reconoció semanas atrás que su cartera tiene el título de ministerio pero el presupuesto de una secretaría. Esta realidad presupuestaria también se traduce en el poder de Ambiente para enfrentar a su par de Energía, por ejemplo. Así las cosas, ¿cómo salvar al macá tobiano de su extinción si se concretan las represas en el Río Santa Cruz, único lugar donde estas aves se reproducen y viven?

Es verdad que el Plan RenovAr abrió el juego a las energías renovables para que representen 8 % del consumo de energía eléctrica nacional para 2018 y el 20 % para 2025. Todavía falta que se animen a la desinversión a las fósiles -por el contrario se insiste con activar Vaca Muerta y hasta se baraja la apertura de una nueva central nuclear-. Me animo a decir, ¿para cuándo un verdadero plan para uso eficiente de la energía para los grandes consumidores?

Maristella Svampa dijo en la presentación del Informe Ambiental de FARN: “En una sociedad post-fósil la discusión del litio debe darse si no queremos financiar la reconversión de las grandes potencias expoliando a nuestras comunidades y arruinando nuestro medio ambiente”. Es que el litio es central para las baterías que utilizan las energías limpias, para los coches eléctricos, etc. En los salares del norte de nuestro país hay grandes reservas que ya están en manos extranjeras. ¿Iremos a regalar esta riqueza natural destruyendo nuestra tierra o estaremos a tiempo de hacer las cosas bien?

Para Svampa “no hay una propuesta de cambio en el modelo energético” y lo que sí hay es “una radicalización del neo extractivismo“. De hecho se revisará en el Congreso la ley que podría revertir protecciones al ambiente y permitir realizar proyectos mineros donde antes no había. Una de esas revisiones permitiría realizar minería, con todos sus riesgos y consecuencias, en zonas glaciares y periglaciares.

Recordemos: Argentina es el segundo país de América Latina con mayor cantidad de glaciares. En 2016 el Inventario Nacional de Glaciares avanzó del 10 % al 42 % de cuencas publicadas. Existe una ley que los protege pero que, por cuestiones económicas, nunca hay voluntad política de hacer cumplir.

Svampa es contundente “no se puede tratar a la naturaleza como otro cuenta de la administración de una empresa, no podemos pensar la relación con la naturaleza como algo externo”. Como país seguir en la línea del monocultivo, la minería y los combustibles fósiles es “no estar preparados para el cambio climático”.

La basura tiene todo que ver con el medio ambiente porque habla de nuestra relación con nuestra madre tierra. Nadie que se sienta parte de la naturaleza la ensucia porque ensuciarla es perjudicarse a uno mismo. Mientras algunos municipios empiezan a darle solución a un paso demasiado lento, cada argentino genera un promedio de residuos per cápita de 1,02 kg. Ello representa unas 45.000 toneladas diarias para el total de la población. Sin dudas, este es uno de los aspectos que como ciudadanos y consumidores podemos solucionar más fácilmente aplicando las 5erres.

Agua, glaciares, humedales, montañas, suelo, áreas protegidas, especies en peligro, bosques, actividades humanas, inundaciones, fumigaciones, mar y costa,  todo causa y todo efecto en un sistema de vida interconectado como es nuestro planeta. Ahora que conocés la situación general de nuestro medio ambiente, ¿qué es lo primero que vas a hacer?



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