Alternativa Verde | Menstruación, salud y medio ambiente: un debate postergado
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Menstruación, salud y medio ambiente: un debate postergado

Entrevisté a la abogada e investigadora de la Universidad Erasmus de Rotterdam, Jacqueline Gaybor. Ella trabajó en Buenos Aires durante un año relevando qué pasa aquí respecto de la gestión sustentable de la menstruación. Eligió Argentina por ser “un referente en iniciativas ambientales” y cuenta en esta nota sobre este aspecto que para muchos sigue siendo tabú.

Jacqueline nos invita a reflexionar sobre la gestión sustentable de la menstruación. Para eso debemos entender que los productos mal llamados de “higiene” femenina -la menstruación no es suciedad- tienen  consecuencias en la salud de cada mujer y del planeta.

La investigadora cuenta que una de las materias primas de las toallas  es la pasta hecha a base de una celulosa que proviene del pino. Antes se importaba de Estados Unidos pero desde hace 15 años se fabrica en Misiones, donde se produce en cultivos extensivos. Para ganar este terreno “se le compró la tierra a campesinos que tuvieron que re localizarse”. En ellos “ahora hay monocultivo en vez de producción alimenticia. Esto repercute en pérdida de biodiversidad así como de trabajo porque no requiere labor agrícola intensiva. La gente empleada es muy poca y en períodos específicos”.

Estas plantaciones de pinos en ocasiones requieren “el uso de agroquímicos  que no sólo quedan en el cultivo en sí sino que llega a contaminar aguas y suelos además de a los trabajadores mismos”. Esto mismo ocurre con el algodón usado para los tampones que es fumigado con insecticidas y plaguicidas además de requerir muchísima cantidad de agua”.

En toallas y tampones también se usa “plástico para las partes inversas, el packaging y los aplicadores, por ejemplo. Plástico que proviene de los combustibles fósiles”, y material que termina eventualmente en la basura. Para ser precisos 5% de la basura está compuesto por productos higiénicos (pañales y apósitos). “Es un número altísimo considerando que es el único de los residuos domésticos que no se recicla y que el plástico usado demora 300 años en descomponerse“.

“Este ciclo nunca termina: la mujer empieza a menstruar en su adolescencia y pasa más de treinta años consumiendo estos productos porque las empresas hacen creer que son la única alternativa” cuando no es cierto. “Hoy surgen alternativas que plantean una relación distinta entre el cuerpo menstruante y el medio ambiente: las copas menstruales, las pantis lavables, las toallas de tela y las esponjas marinas (que duran dos años) y no generan basura“.

Repasando: hablamos de productos para la menstruación que se producen de una manera nada responsable que contamina y diezma nuestro ambiente, que al contacto con el cuerpo pueden tener consecuencias nocivas -las paredes vaginales y piel absorben los químicos del algodón- y al desecharlas contribuyen al gran problema de la basura. Es un círculo nada alentador al que hay que sumar el costo mensual que implica para cada mujer gestionar su menstruación, algo que muchas no pueden afrontar.

Lo increíble de la “higiene” femenina es que “estamos tan inmersos en nuestras cosas cotidianas que no tendemos a cuestionarnos estos temas”. Sin embargo ya se ha vuelto muy fácil reducir la cantidad de basura y cuidar la salud de todos “con alternativas que son de muy bajo costo y accesibles a la población en general. No es que haya que desarrollarlas, existen y simplemente hay que acercarlas a los ciudadanos“.

Sin dudas cambiar los hábitos de consumo es la única opción inteligente. Esto no sería así si todos supiéramos lo que Jacquie grafica: “Argentina es el país que más glifosato consume en el mundo: 300 millones de litros al año lo que equivale a 5 litros por habitante por año. Es decir, es un país intoxicado. No sólo están intoxicadas las personas que viven cerca de los campos fumigados sino también quienes consumen el algodón, las gasas, los tampones y los alimentos. Esto que ocurre a horas de la capital”.

Aún así el cuestionamiento sobre temas de medio ambiente sólo está “ligado al trabajo que hacen organizaciones sociales, ONGs y bloggeros pero no viene desde del Estado. Es por eso que las soluciones se mueven aunque no a la misma velocidad que si fueran una política pública”, explica.

Gracias a la sociedad civil y a las organizaciones de base se está haciendo visible algo que estaba invisibilizado como es la gestión de la menstruación y su relación con la salud y el medio ambiente. “Hablar de este tema no es fácil porque dentro de la agenda ambiental hay otras prioridades como el extrativismo o los agrotóxicos. Además al ser la menstruación un tabú es difícil de instalar”, , apunta Jacquie.

Clasificando residuos en la cooperativa de reciclaje

Por último la especialista en gestión sustentable de la menstruación comenta que “en la agenda feminista también es un tema relegado. La violencia, por obvias razones, al aborto legal y la salud sexual integral son prioridad. Comienza a haber algunas académicas que hablan de replantear la forma de relacionarnos con el cuerpo o cómo las empresas de cuidado femenino han afectado el entendimiento sobre la menstruación pero aún falta mucho por andar”.

Ante una realidad como la que la investigación de Jacqueline pone en evidencia, la solución está en nuestras manos.  No hay que temer informarse sobre otras formas de vivir el período en la búsqueda de encontrar aquella que mejor se adapte a una, aunque tal vez vuelvas a elegir las opciones desechables. Aceptar nuestro ciclo como algo natural, que no debe ocultarse y que no es motivo de vergüenza sino de reivindicación de nuestra femineidad, es un trabajo importante que no hay que evadir. Hablar de gestión sustentable de la menstruación y de las nuevas opciones como la copa menstrual ayudará a todas las mujeres, especialmente a las que no tienen recursos para vivir cómodas y cuidadas su período.

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