Alternativa Verde | Trekking al Glaciar Castaño Overo, otra aventura patagónica
6114
single,single-post,postid-6114,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1300,footer_responsive_adv,qode-content-sidebar-responsive,qode-theme-ver-10.1.1,wpb-js-composer js-comp-ver-4.12,vc_responsive

Trekking al Glaciar Castaño Overo, otra aventura patagónica

n estas vacaciones había una excursión que era la más esperada: subir al Tronador. Santi la había hecho de chico con su familia y es una de sus anécdotas favoritas. Así que si íbamos a Bariloche, debíamos ir a hacer esa excursión. Para mi estaba primero probarme como senderista yendo al Refugio Frey, y recién después, animarme al Tronador. Sin ser de esos viajeros que investigan todo con un mes de anticipación sino más bien de los que practicamos mucho la improvisación la cuestión es que nos vimos en Bariloche con tantas cosas por hacer que el Frey llegó a mitad de la primera semana y el Tronador quedó para el día previo a la partida hacia San Martín de los Andes. El asunto es que el camino hasta Pampa Linda, desde donde salen los senderos cima arriba, es el clásico serpenteante de montaña, con lo cual la movilidad se restringe por horarios. Las combis suben sólo por la mañana, saliendo de Bariloche a las 8.30 y vuelven a partir sólo de las 17.30. Ése es el único y último horario. Si lo perdés, te quedás en Pampa Linda. Teniendo el pasaje para salir de Bariloche a San Martín a las 19.30 y siendo más de dos horas de viaje bajando de Pampa Linda, los cálculos se hicieron imposibles. Era perder plata o resignar la noche en el majestuoso Tronador. Y esto último fue lo que pasó. El premio consuelo fue acercarnos al Tronador por uno de sus costados y conocer uno de sus dos glaciares: el Castaño Overo. Para serles sincera, el consuelo fue bastante grande. Para poder avistar estas nieves eternas (que están, como todo, sufriendo variaciones en sus ritmos antes imperturbables debido al Cambio Climático) hay que adentrarse por un camino que lleva algo 4 horas ida y vuelta. camino al castaño overo Hay muy poco desnivel pero igual vas a encontrar algunas cuestas notorias. El sendero también presenta una vegetación que no promete gran cosa en el primer tramo pero, poco a poco, el bosque andino patagónico va ganando terreno y las tonalidades de la vida te envuelven por completo (caminando me pregunto ¿acaso hay un lugar donde haya sentido más la vida latir que acá?). Pronto hay cruzar el río Castaño Overo por el puente peatonal. Desde allí se van siguiendo las señalizaciones amarillas hasta toparse con el cartel que indica la bifurcación: hacia un lado, el derecho, se sigue el largo trecho hasta el Refugio Meiling, en el cerro Tronador tan soñado. Hacia el otro, se sigue abriéndose más por el llano hasta llegar al Glaciar Castaño Overo. bifurcación Otto Meiling o Castaño Overo La mayoría de los senderistas elegían la derecha, mochilas y bolsas de dormir al hombro, e iban a hacer noche en el Tronador, bajo el inmenso cielo que –imagino- deslumbra una vez que el sol se esconde tras la montaña. Nosotros, en cambio, seguimos la ruta más corta que nos llevaría a nuestro premio consuelo. La belleza del bosque fue más que un gran consuelo para la aventura truncada: imaginen el camino –siempre bien señalizado y cuidado- dejándonos paso en medio de árboles de más de 10 metros de altura y de cañas coihues escoltándonos. Imagen helechos, ourisias y todo tipo de flores bordeando nuestros pasos. Además de haber podido ver al menos a un par de salamandras pequeñas antes de lograr huir de nuestra presencia. flores patagónicas flores patagónicas helechos patagónicos SAM_2604 lagartijas patagónicas camino al overo Imaginen ser acompañados todo el viaje por el canto de pájaros huidizos que tampoco dejaron verse demasiado pero que se escuchaban y llenaban todo con sus melodías. Era todo un placer para los sentidos, un verdadero descanso para la mente atiborrada de rascacielos de esta porteña. El camino no ofrece mayores obstáculos así que, más allá de la resistencia para hacer la travesía en algo de 4 horas en total de caminata, no se piden mayores requisitos. caminos del Tronador trekking en patagonia, a escala El premio llega cuando el bosque da paso a una visión en 360 grados de las laderas de las montañas y se escucha el bramido del agua cayendo desde lo alto: llegamos al Glaciar Castaño Overo. El hielo ha sido doblegado por el calor del sol y se deja caer en un torrente de furia y elegancia qe deja hilos cremosos de agua límpida que, más a nuestros pies, se unen en un mismo caudal que bajará hasta Pampa Linda, gélida y prístina como ella sola. llegando al glaciar Para una, mujer de riachos amarronados, cuanto mucho, y de llanuras estiradas al horizonte, el azul profundo y altanero no puede más que parecerme surreal. Demasiado bello para ser de este plano si no fuera que lo estoy viendo con mis ojos. Esos hielos saben que son grandiosas obras de la naturaleza, se saben casi siempre intocables, casi siempre tan colosales que hasta el humano más engreído se la piensa dos veces para hacerles frente y me miran desde allá arriba, desafiando mi capacidad de sorpresa. Glaciar Castaño Overo ¡Es que no puede haber tanta belleza condensada en este punto del planeta solamente! Sencillamente acá sí que la Madre Tierra quiere dejar en claro que sabe bien lo que hace y que sabe esperar para lograr lucirse. Acá sí que los humanos deberíamos venir a venerar a las fuerzas vivas que hacen girar nuestro planeta y deberíamos peregrinar para comprender que nuestra única misión debería ser custodiar semejante maravilla para quienes vendrán. Glaciar Castaño Overo en Tronador glaciar del tronador glaciar castaño overo En fin, mientras mi mente se pierde en estos pensamientos y mis sentidos se dejan extender en este paisaje, ya es tiempo de la vuelta. La combi espera para partir. Andamos de vuelta: montaña, bosque, río, serpentina de tierra. Cuando estamos por salir del sendero, el Tronador nos despide con un estrépito que parece un trueno. Son los hielos del Tronador cayendo, algo que se repite cada día, cada tantas horas, y que le dio el nombre a este cerro. Dejamos el formulario en el buzón para que los guardaparques sepan que volvimos sanos y salvos y terminamos de despedir otra aventura. depositando formulario en parques nacionales El chofer desanda el camino increíblemente zigzagueante en medio de la nube de polvo que se levanta porque la lluvia sigue sin aparecer en estos pagos ya demasiado sedientos. Me llevo otra aventura en mi valija de recuerdos. Dicen que todo pasa por algo y, aunque la noche en el Meilling queda pendiente, mi encuentro con el Glaciar Castaño Overo –el primer glaciar que veo en mi vida- vale todo. Y pienso, antes de que me venza la pereza en este asiento algo incómodo: gracias Pacha por dejarme conocer otra de tus caras.

Todas las fotografías son de Santiago Callone, si vas a usarlas, por favor, citá la fuente. ¡Gracias!

]]>



Te contamos como realizar tus pedidos y nuestra filosofía.